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Los precios están llevando a los cubanos a una nueva crisis de hambruna

Marcia Paredes, camagüeyana harta de la subida exponencial de los precios de los alimentos en este último año, asegura que por mucho que uno calcule, ni el salario ni los alimentos alcanzan, y es que la población cubana (y, en especial, la de las provincias del interior del país) siempre tiene algún faltante en su cocina: la proteína, o las especias, o los vegetales, las viandas y hasta el arroz.

Pese a que Camagüey es uno de los territorios con mayor producción arrocera del país, sus habitantes deben comprar este cereal «a entre 60 y 70 pesos la libra» en el mercado negro.

La mujer aseveró: «Comerse una ensalada es un capricho. Una libra de tomate la venden a 100 pesos y, al parecer, la lechuga, la col, los aguacates y los pepinos los traen de la luna, porque sus precios suben todos los días sin control y a criterio de los especuladores».

La mujer siempre carga con una pesa digital para evitar los frecuentes robos de los vendedores, y con bolsas de nailon para comprar lo que aparezca de imprevisto, siempre que se lo pueda permitir con el salario que gana por limpiar, fregar, buscar los mandados, cocinar y lavar en una vivienda.

La cubana también lucha con que los productos que el Gobierno expende a través de la libreta de abastecimiento le alcancen, y aunque se encuentra en constante acecho por nuevas alternativas, solo se topa con obstáculos e incomodidades.

Maidelis, madre soltera de la misma provincia, malvive debido al muy bajo poder adquisitivo de su salario.

La mujer lamenta que si uno no compra los alimentos a los precios que ya se imponen, se muere de hambre. Asegura que la libra de carne de cerdo se está cotizando en 200 pesos, la de pollo en 160 y el pomo de aceite en 350.

La mujer aprovecha las suelas de los zapatos para montarlas sobre otros modelos, y así evitar tener que comprar pares nuevos, dado que un par de tenis pueden oscilar entre los 5.000 y 7.500 pesos.

También se ve obligada a recortar pulóveres y trapos viejos para crear ropa interior para ella y sus hijas, pues son de las prendas más desaparecidas del mercado. Sobre este problema, refiere a amigas solteras que rechazan a pretendientes por no contar con ropa interior presentable para entablar relaciones íntimas con parejas serias.

Además de cuidar a sus hijos y padres, la joven mantiene un trabajo a tiempo completo como maestra y se dedica a empleos parciales como de costurera y vendedora informal.

Mientras esta situación se generaliza, el Gobierno provincial decide obviar prioridades y plasmar discursos llenos de eufemismos, excusas y hasta absurdos triunfalismos.

El viceprimer ministro Jorge Luis Tapia Fonseca recibió recientemente un reconocimiento de la Asamblea del Poder Popular de Camagüey por su «impecable» trayectoria como diputado.

Nada se habló en este evento sobre el desastre productivo que mantiene el territorio en cuanto a la leche y a la carne, cuando Camagüey es la mayor productora de Cuba y dejó morir a 41.000 reses el año pasado.

De igual forma, muchos elogios recibió la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, por la «modernización» de las instalaciones comerciales en la provincia, cuando las bodegas, mercados artesanales e industriales y las unidades gastronómicas camagüeyanas necesitan de inversiones capitales por pésimo estado constructivo e inexistente oferta.

Mientras, la intendente provincial Yoseily Góngora López reconoció que solo se ha logrado ejecutar el 17% del plan de construcción de viviendas de este año que casi termina.

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