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A cinco años de la muerte de Fidel Castro, estos son los mitos que nos hicieron creer por años de Revolución del asalto al Cuartel Moncada

Con el objetivo de derrotar a Fulgencio Batista se llevaron a cabo, por jóvenes del Partido Ortodoxo, el 26 julio de 1953 los asaltos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo. Al frente de la acción estuvo el entonces joven abogado Fidel Castro. Los asaltantes fueron rápidamente reducidos y la acción fracasó. Sin embargo, este hecho marcó un punto de inflexión en la historia de Cuba, el inicio de la Revolución cubana de 1959.

Es casi imposible ser cubano y no saber algo acerca de este acontecimiento, de hecho, frecuentemente ese conocimiento ha devenido en lugares comunes y leyendas que perduran hasta la actualidad. En el presente texto se abordará de manera breve alguno de estos mitos, ofreciendo además un contraste con datos aportados por algunos historiadores.

Mito: Fidel Castro finalizó su alegato de autodefensa en juicio oral por los sucesos del 26 de julio con la frase “La Historia me absolverá “. Muchos consideran que está frase la tomó del Mein Kampf de Adolf Hitler.

Realidad: la frase pronunciada por Castro en el juicio literalmente fue “La historia definitivamente, lo dirá todo”. “La Historia me absolverá” solo aparece en la versión escrita, editada y perfeccionada por Fidel de dicho alegato a lo largo de su estancia en el presidio Modelo de Isla de Pinos. Igualmente, Adolf Hitler, en su alegato de defensa frente al tribunal que lo condenó a prisión por ell asalto en 1923 al Ministerio de Guerra en Múnich, se valió de una personificación de la Historia como absolutoria que añadiría más tarde a su libro Mi Lucha, redactado desde la prisión en Landsberg. Ciertamente el parecido entre ambas frases es muy razonable, mas la de Castro no fue una cita literal.

Mito: según “La Historia me absolverá”, los asaltantes que fueron tomados como prisioneros fueron sometidos a viles torturas y mutilaciones, y a Haydee Santamaría le quemaron los brazos con hierros calientes.

Realidad: no existieron tales torturas, debido que los capturados no mostraron resistencia para revelar sus motivaciones, identidades y las de su cabecilla. Igualmente, tampoco en el juicio a los asaltantes, donde los abogados defensores ejercieron su trabajo sin impedimentos, se mencionó que existiera torturas. El coronel Alberto del Río Chaviano dio la orden de ejecutar en el campo de tiro de armas cortas del cuartel a aproximadamente treinta asaltantes capturados, y dispersar sus cuerpos por los alrededores del cuartel para dar idea de que fallecieron en medio del intercambio de disparos. Los 47 informes de defunción redactados por los especialistas de medicina forense constatan dichas ejecuciones, pero no torturas ni amputaciones. El director de la funeraria que recogió los cadáveres tampoco aprecio señales de tortura.

Haydee Santamaría fue quien más difundió la versión de la tortura de los presos y la emasculación de su novio. Fuera del juicio llegó a manifestar que a su hermano le habían extirpado los ojos, y que posteriormente a ella le mostraron uno de los ojos para sacarles la información de dónde se hallaba Fidel, pero ni ella ni Abel hablaron. No obstante, en el testimonio ofrecido en el juicio, sin coacción alguna, no denunció nada sobre estos hechos, ni tampoco luego en sus memorias sobre el Moncada mencionó nada al respecto. Si bien en la quinta sesión del juicio Haydee declaró que hubo golpes y torturas, confesó que no había presenciado ninguna de estas torturas, ni tampoco se refirió a su hermano Abel. Jamás se ha visto una foto necrológica de Abel.

Mito: la combinación de factores imprevistos y la casualidad impidieron el éxito de las acciones

Realidad: el poco cuidado y una muy mala preparación y ejecución de los planes de ataque dan explicación al porqué del fracaso. Por ejemplo, los asaltantes no contaron con que las postas de guardia del cuartel se encontraban reforzadas entre 6:00 PM y 6:00 AM, debido a los carnavales, y que durante ese horario todas las entradas del cuartel, excepto la principal, se hallaban restringidas. La caravana de autos de los asaltantes se dirigió rumbo a la entrada secundaria por la posta 3. Por su parte, el fracaso del simultáneo asalto al cuartel de Bayamo, fue a causa del liderato de Ñico López, un simple peón del mercado de La Habana que dificultó el desarrollo de la acción al olvidar un alicate que se le asignó para cortar la cerca de alambre de púas.

Mito: uno de los motivos del fiasco del asalto fue el hecho de que casi un tercio de los asaltantes que iban en la caravana de coches se perdieran. Ernesto Tizol tomó rumbo por Avenida Las Américas hacia Alturas de Quintero, en lugar de seguir por la avenida Victoria Garzón. Con él siguieron otro grupo de autos.

Realidad: Ernesto Tizol no confundió la ruta, sino que desertó en mitad del plan. Ya había conducido en otras ocasiones por Santiago y conocía muy bien cómo llegar al Moncada. Su desvío fue con toda intención, no es admirable que se quedaran dando tumbos por la provincia.

Mito: Raúl Castro fue el líder del grupo de asalto al edificio del Palacio de Justicia.

Realidad: Raúl Castro solamente se traslada a Santiago de Cuba tras una invitación de José Luís Tasende, sin conocer nada del plan. Fidel se asombra al ver a su hermano horas antes del suceso en la granjita Siboney, y lo asigna al grupo de menor riesgo liderado por Léster Rodríguez que tenía el encargo de tomar el edificio del Palacio de Justicia, contiguo al Moncada. Debido a la altura del muro de contención en el techo de la audiencia no les permitió a los asaltantes realizar disparos hacia el cuartel. Por lo que al ser detenido Raúl se le realiza una prueba de parafina para comprobar si había disparado un arma resultando esta negativa.

Mito: Fidel Castro, a pesar de empuñar un arma durante el asalto (algunas versiones señalan que una pistola Luger y otras una escopeta calibre 22), no efectuó un solo disparo.

Realidad: Fidel, a lo largo de los veinte minutos que duró el combate, se pasó intentando reagrupar a los asaltantes dispersos por los patios de las casas del reparto militar y que por equivocación entraron al hospital militar en las afueras del cuartel. El dato certero es que, luego de ser capturado y trasladado a la cárcel de Boniato, Fidel se niega a que se le realice la prueba de la parafina para tener constancia de si había disparado un arma o no, fue el único asaltante al que no se le realizó la prueba. Todo apunta a que, ante el hecho de no haber disparado un solo tiro, Castro no quiso que la prueba lo dejara en evidencia, soslayándole de esta manera el desprestigio como líder de la acción.

Mito: según la versión batistiana, los soldados en la posta del recinto militar y en el hospital fueron acuchillados por los asaltantes.

Realidad: no hubo ningún militar herido o muerto con cuchillo. El coronel Alberto del Río Chaviano llegó al cuartel luego del ataque y le informó a batista por teléfono que los atacantes habían pasado la posta a cuchillo, y que dos personas habían muerto en el hospital víctimas de apuñalamiento. Lo que sucedió en realidad fue que los asaltantes desarmaron a los guardias en la posta 3 y los tumbaron boca abajo en el suelo sin provocarles lesiones, y los dos muertos del hospital recibieron disparos en la cabeza al asomarse a diferentes ventanas al inicio del asalto. La prensa en aquel momento señaló que los médicos militares que actuaron como testigos en el juicio confirmaron que ningún soldado murió por arma blanca. En sus memorias Batista insiste que los enfermeros fueron asesinados, aunque no por apuñalamientos.

Mito: los orificios que en la actualidad se aprecian en la fachada del Moncada son vestigios de los disparos de los asaltantes del 26 de julio de 1953.

Realidad: los huecos de los balazos en las paredes del Moncada fueron hechos inicialmente por una ametralladora calibre 30 que disparó el sargento José Virués Moraga contra cinco rebeldes que se atrincheraron en el ala izquierda del cuartel. Los asaltantes, mal armados con rifles 22, revólveres, escopetas y escasas municiones, eran incapaces de dejar tales agujeros. Posterior al asalto, los orificios fueron tapados y la pared pintada, pero en los años 60 el gobierno cubano abrió nuevos huecos en la pared simulando los disparos del 26 de julio.

Mito: en la discusión parlamentaria sobre la amnistía de 1955 a los asaltantes del Moncada, el senador Rafael Díaz-Balart, en su férrea oposición a tal amnistía, emite una profecía sobre las terribles implicaciones que supondría para Cuba dejar en libertad a Fidel Castro.

Realidad: el mito se genera en un discurso emitido por algunos medios de comunicación especialmente a partir de la muerte de Díaz-Balart en 2005. Rafael Díaz-Balart no solo no pronuncio nunca tal profecía, que para nada existe constancia de ella en el diario de sesiones, sino que jamás se opuso a la amnistía, llegando a votar incluso a su favor. Una hermana de este senador, Mirta Díaz-Balart, fue la primera esposa de Fidel Castro y madre de su primer hijo, Fidel Castro Díaz-Balart.


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