martes, enero 25, 2022
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Diez momentos que han marcado a la descalabrada economía cubana en este 2021

La aguda escasez de oferta en la isla, combinada con el racionamiento y los ajustes parciales a la economía cubana, ha dejado un panorama muy difícil de afrontar en este 2021. El Gobierno, en vez de potenciar las fuerzas productivas internas, ha optado por continuar dependiendo de las divisas extranjeras que no parecen llegar. Se podría describir el escenario mediante diez hitos.

El primero: la opción de haber implementado la Tarea Ordenamiento en el peor momento posible, una política con demasiados objetivos que solo ha provocado una inflación desproporcionada, castigando a los más vulnerables con significativas pérdidas de poder adquisitivo y una enorme volatilidad del tipo de cambio del peso.

El segundo: la idea de generalizar la red de tiendas en MLC para todo tipo de bienes y servicios, locales que surgieron como solución parcial y que se han expandido bajo el pretexto de captar divisas extranjeras. Estas han causado grandes brechas de desigualdad social y tensiones cambiarias, eliminando una dualidad monetaria por otra.

El tercero: la caída del sector agropecuario, con énfasis en el desinterés de los productores por una industria más eficiente, a falta de los estímulos necesarios para producir más. Aunque la distribución estatal ha sido y será siempre un problema, quizás lo que más preocupa de la situación agrícola cubana es que la tierra no es propiedad de quien la trabaja y la hace producir.

El cuarto: la petición de un nuevo aplazamiento de los pagos referentes a la deuda externa con el Club de París, lo que ha limitado el acceso a los mercados financieros internacionales, con el lógico aumento de los costes financieros.

El quinto: el hecho de que la política cambiaria que fue fijada a raíz de la Tarea no aplica, dado que propone un tipo de cambio irreal del peso con las principales divisas, logrando una devaluación del 2.300% (la más elevada de la historia) para el peso en los mercados informales.

El sexto: la apuesta por la creación de mipymes y CNAs, con lo que el Gobierno pretende presionar la desaparición y/o conversión de los trabajadores por cuenta propia, que en ningún caso va a permitir el desarrollo de un sistema empresarial privado en la isla, puesto que prevalece el poder máximo de autorización en manos gubernamentales.

El séptimo: el despliegue de una política crediticia muy arriesgada, la cual puede acabar generando una crisis de impagos entre las entidades que se crean.

El octavo: el agotamiento de las fuentes financieras externas, a excepción de inversiones, exportaciones, turismo, remesas, y otros pagos como los pagos por servicios “médicos», lo que infiere la quiebra del modelo dependiente del extranjero.

El noveno: un crecimiento de los gastos públicos corrientes, sin el respaldo de los ingresos, lo que ha logrado elevar el déficit fiscal por encima del 18% de 2020.

El décimo: las autoridades debieron apostar por la influencia positiva que ejerce la propiedad privada sobre la eficiencia y productividad de los factores.

Por tanto, lo que hubiera resultado una apuesta acertada sería una gestión alternativa de las políticas públicas: invirtiendo en vivienda o infraestructuras públicas en vez de en hoteles; procediendo a liberalizar la actividad empresarial privada; y potenciando la producción de alimentos mediante la libre elección de cantidades y precios por parte de los propios campesinos.


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