martes, enero 25, 2022
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Varadero ya no es el paraíso para disfrutar de unas vacaciones en el «paraíso» para los yumas ni para los cubanos

El balneario de Varadero se destaca como el polo turístico por excelencia del archipiélago cubano, pero la península que conquistó una vez al turismo nacional e internacional, ahora brilla por su deplorable estado, nada competitivo con el resto de polos turísticos del Caribe. No obstante, continúa teniendo gran demanda entre los cubanos, quienes llegan a sus instalaciones para disfrutar de un menú desaparecido de su cotidianeidad.

Unos visitantes que llegaron al oasis matancero recientemente, mexicanos radicados en Suiza, se quedaron 4 días en el hotel Meliá Península Varadero (de 5 estrellas).

Su estancia no pudo ser peor: no solo por la pésima calidad del servicio del hotel, sino también por la drástica diferencia del trato que recibían los turistas extranjeros a los locales (sin esconder la férrea discriminación mantenida contra los ciudadanos cubanos) y por las constantes muestras de poca cordialidad y disciplina de esos vacacionistas nativos.

En el check-in, los cubanos que esperaban para inscribirse en su alojamiento en la carpeta del hotel se colaban en la fila y se jactaban de no respetar el orden de llegada, todo acompañado de una molesta y exagerada algarabía.

La pareja no hubiera conseguido llegar al mostrador de la carpeta si no hubiese sido por un matrimonio de ingenieros cubanos con los que empatizaron y decidieron ayudarse. Obtuvieron entonces un buen bungalow en primera línea de playa.

A la hora de cenar, se encontraron con una nueva cola para acceder al buffet (que más caótica no podía ser). Corrieron para alcanzar una buena mesa para afincarse e hicieron uso de las mejores estrategias de combate y evasiva para obtener el mejor plato fuerte de la oferta del hotel. Sin embargo, este no era de su verdadero agrado. Se vieron obligados a comer pescado porque no lograron tener acceso a su plato de preferencia: carne de res o de cerdo.

Los camareros en los diversos bares de la instalación eran insuficientes para atender la demanda de todos los huéspedes, por lo que la pareja tuvo que acercase a la barra cada vez que deseara beber algo (y llevar las copas ellos mismos a la mesa).

Encima, varios de los servicios que se promocionaban por todo lo alto en las campañas publicitarias del hotel (como el jacuzzi y el cabaret) se hallaban inactivos, y no se podía salir del hotel en excursiones orquestadas por las agencias especializadas porque tampoco estaban disponibles.

La pareja llegó a la conclusión de que los turistas nacionales eran los principales causantes de este caos, pues los servicios mejoraron una vez que las reservaciones de estas grandes masas expiraron. Y es que pagar 6.600 Pesos Cubanos (CUP) por llegar a una instalación turística se aprovecha al máximo; y no por la playa de arena fina y aguas claras, no por el sol cálido, no por la tranquilidad merecida, sino por la comida, un menú que casi ningún cubano ya puede permitirse al día a día (como la carne).


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FuenteCubanet
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