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En una semana los cubanos conocerán la nueva Letra del Año para el 2022

Con el comienzo de una nueva etapa, los cubanos han esperado con expectación la Letra del Año ya desde hace casi dos siglos, guía espiritual que les ofrecerá predicciones, consejos y recomendaciones útiles respecto a la vida, la salud y la política.

El tema de la fe en Cuba siempre ha sido muy ecléctico, pero los cubanos atienden y entienden la Letra independientemente de la religión de cada cual.

Es hasta común que entre los cubanos se asuman prácticas de diferentes credos, especialmente cuando se trata de sincretismo entre la tradición católica y la afrocubana. De este fenómeno han emergido quienes le rezan por igual a San Lázaro y a Babalú Ayé, a Changó y a Santa Bárbara.

Sin especificidades, se cree que sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIX, teniendo en cuenta la carencia de registros sobre estas prácticas otrora clandestinas, condenadas debido a la extrema discriminación racial que predominaba en la isla. La oralidad, por tanto, fue la única vía para que llegara la costumbre hasta nuestros días, a raíz del analfabetismo generalizado en la comunidad de cultores de la religión yoruba.

La Asociación Cultural Yoruba de Cuba ha preservado en gran medida este modo de registro histórico, el cual sí revela que la primera Letra realizada en el país caribeño estuvo bajo la responsabilidad del Babalawo africano Remigio Herrera, Obara Meyi, Adeshina, quien llegó a Cuba como esclavo en 1830.

Él y cinco ahijados (Marcos García-Ifalola Baba Ejiogbe, Oluguere-Oyeku Meji, Eulogio Rodríguez-Tata Gaitán Ogundafun, José Carmen Batista-Obeweñe, Salvador Montalvo-Okaran Meji, Bernardo Rojas-Ireteuntendi) conformaron el primer grupo que inició la tradición tan fuerte y presente de la Letra del Año.

Adeshina cede el liderazgo, en 1902, a Tata Gaitán a causa de ciertos problemas de salud, por lo que se suman otros cuatro babalawos a los originales: Secundino Crucet-Osaloforbeyo, Bernabé Menocal-Baba Ejiogbe, Quintín Lecón García-Oturaniko y José Asunción Villalonga-Ogundamasa. Con el fallecimiento de Adeshina cuatro años más tarde, queda Bernardo Rojas como el sucesor, asumiendo la dirección de la Letra del Año, que se mantuvo como ceremonia de cierre y apertura de año.

Joaquín Salazar, Babalawo mayor, hereda en mayo de 1959 la dirección de la apertura de la Letra, siéndole cedida por el Dr. José Herrera tras la muerte de Rojas. Con el leve alivio de las tensiones contra las prácticas religiosas en 1986, la realización de la Letra fue mucho más significativa, según la Asociación Cultural Yoruba.

A partir de los principios originales del siglo XIX, un grupo de babalawos reasumió la ceremonia bajo la dirección de Miguel Febles Padrón, y es entonces cuando se crea la Comisión Organizadora de la Letra del Año, que aún realiza la ceremonia cada 31 de diciembre, dando a conocer el resultado durante la madrugada del 1ro. de enero.

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