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Los remedios naturales y los yerberos siguen siendo una opción recurrente en Cuba ante la escasez de medicinas

Todas las mañanas, bien temprano, Jesús Villalonga se dirige a los bosques cercanos a su casa, en la provincia cubana de Matanzas, al este de La Habana, para recolectar plantas medicinales y recoger su caballo de los campos cercanos.

Villalonga, de 77 años, es un curandero tradicional. El caballo es para su trabajo matutino, que consiste en llevar a la gente de un lado a otro en un carro que le sirve de taxi. Alrededor del mediodía, vuelve a su casa en el barrio de Naranjal para realizar consultas diarias a los vecinos. Sus dolencias determinan las plantas que buscará al día siguiente.

Cuba tiene un largo historial de uso de plantas medicinales tanto en las ceremonias religiosas afrocubanas como en el tratamiento de enfermedades comunes. En la actualidad, con la escasez de muchos medicamentos que se suministran con receta (especialmente durante la pandemia del COVID-19), los remedios medicinales basados en plantas y los tratamientos alternativos como la acupuntura, las ventosas y los masajes terapéuticos han adquirido una importancia cada vez mayor.

La economía cubana lleva décadas en crisis, agravada por la mala gestión, las prolongadas sanciones de Estados Unidos, el colapso de la Unión Soviética (antiguo benefactor de Cuba) en 1991 y la limitación del comercio con países amigos como Venezuela, que sufre su propia crisis económica. Las restricciones más estrictas de Estados Unidos durante la administración Trump restringieron los viajes a la isla y redujeron la cantidad de dinero y paquetes que se podían enviar desde el continente (siendo ambos métodos una fuente importante de medicamentos). Más recientemente, la pandemia ha afectado al turismo, una fuente vital de ingresos que el gobierno necesita para comprar suministros esenciales.

«Hay escasez de todo», dice Richard Feinberg, estudioso de Cuba desde hace tiempo y profesor emérito de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos). «Cuba no tiene divisas para importar medicamentos o muchas otras cosas».

Algunos cubanos cultivan sus propias hierbas medicinales en el campo o en pequeñas parcelas urbanas. Otros consultan a curanderos como Villalonga o compran medicamentos a base de plantas en las farmacias del gobierno y a empresarios privados.

Villalonga empezó a utilizar remedios naturales cuando tenía 14 años y dice que nadie le enseñó nada sobre hierbas: aprendió por su cuenta. «No puedo dar la espalda a nadie que necesite curarse», cuenta a través de correo electrónico, y añade que está proporcionando a los pacientes tratamientos alternativos durante la pandemia. Considera su talento un regalo de Dios y nunca cobra por sus servicios. A veces los pacientes satisfechos le dejan pequeños regalos, como cigarrillos o cualquier otra cosa de la que puedan prescindir.

A medida que la pandemia se alarga, Villalonga dice que está viendo a mucha gente sufrir de estrés. «Ahora se acercan los dos años con todo el mundo estresado, los niños, los ancianos… todo el mundo».

El estrés, dice, tiende a exacerbar el virus del herpes zóster, comúnmente conocido como culebrilla, que puede permanecer latente en el cuerpo durante años después de que alguien contraiga la varicela. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU. afirman que existen varias teorías sobre el motivo por el que el virus de la varicela se reactiva, pero que las personas con sistemas inmunitarios comprometidos parecen ser más susceptibles a la dolorosa erupción del herpes zóster.

Dependiendo de dónde aparezca la erupción, Villalonga la trata con hojas de guayaba o guanábana. También recoge hojas de la planta tua tua y las hierve en un té que utiliza para tratar diversas enfermedades, como la diabetes y la gastritis. Otras de sus plantas curativas favoritas son la salvia para las personas con problemas respiratorios, el cedro para las dolencias pulmonares, la sanguinaria para limpiar el organismo, el heliotropo silvestre para los cálculos renales, y la tila y la manzanilla para las molestias estomacales.

Los tratamientos de Villalonga incluyen siempre el paso de sus manos por el cuerpo de los pacientes, una práctica común a varias tradiciones religiosas. La imposición de manos, dice Villalonga, le permite «sentir» las dolencias. Al tocar la parte posterior de la pierna de un paciente, por ejemplo, dice que puede saber qué es lo que le ha sentado mal al estómago de la persona, de modo que puede preparar un remedio a base de hierbas que elimine las obstrucciones en el canal alimentario y promueva la curación.

La Organización Mundial de la Salud señaló en un informe de 2019 sobre «Medicina Tradicional y Complementaria» que Cuba tiene un plan nacional de salud para integrar la medicina natural y tradicional en su sistema de prestación de servicios de salud desde 1995 y también tiene una oficina nacional de investigación en La Habana para estudiar las medicinas naturales.

Cuba comenzó a fomentar el uso de las plantas medicinales y la medicina alternativa durante la crisis económica conocida como Periodo Especial, tras el colapso de la Unión Soviética y la pérdida de sus generosos subsidios. El gobierno continuó apoyando las alternativas verdes, fabricando medicamentos a base de plantas en laboratorios especiales y distribuyendo medicinas naturales a través de su red de farmacias.

En la provincia de Las Tunas, por ejemplo, los agricultores cultivan plátanos, pasionaria, menta, guayaba, limones, orégano y otras hierbas para suministrar a cinco laboratorios más de 35 000 kilos de material vegetal al año que se transforman en extractos, jarabes, gotas, cremas y tinturas, según Granma, la publicación del Partido Comunista de Cuba. Estos productos suelen ser más fáciles de conseguir en las farmacias estatales que los medicamentos con receta.

Los médicos con licencia estatal ofrecen regularmente a los pacientes tratamientos alternativos, y se anima a los médicos de familia y a las enfermeras asignadas a barrios concretos a plantar jardines de hierbas cerca de sus consultas.

Cuando Maura Pérez Recio, de 53 años, estudió medicina entre 1986 y 1992, las medicinas naturales y los tratamientos alternativos no formaban parte del plan de estudios. Ahora, Pérez, que trabaja en el Instituto Nacional de Endocrinología de Cuba, en La Habana, está acreditada para tratamientos de acupuntura y fitoterapia y los incluye como parte de su arsenal terapéutico. Dice que puede recetar diversas formas de ajo y cebolla para reducir los niveles de lípidos, preparados de moringa y albahaca como agentes hipoglucemiantes para el tratamiento de la diabetes de tipo 2, y tilo y pasiflora como sedantes.

Durante la pandemia, dice, una campaña nacional ha promovido el uso de PrevengHo-Vir, un medicamento homeopático que se cree que refuerza el sistema inmunitario, y los médicos cubanos han estado recetando plantas, como la cúrcuma, que tienen propiedades antivirales y estimulan el sistema inmunitario.

«El Titán»

En un espacio abierto que dejó un edificio derrumbado en La Habana Vieja, Julio Bienvenido Cisnero hace un negocio enérgico en su pequeño consultorio médico de madera, donde vende de todo, desde salvia hasta moringa, que una vez fue promocionada como un plan milagroso, especialmente para tratar dolencias del sistema digestivo, por el difunto líder cubano Fidel Castro.

Bienvenido, de 68 años, tiene licencia del gobierno para cultivar y vender plantas medicinales. Paga una tasa estatal por utilizar el espacio abierto donde lleva su negocio desde mayo de 2010. Cultiva algunas de las plantas medicinales que vende y compra otras hierbas a proveedores que vienen del campo.

Un cartel escrito a mano sobre su vitrina dice que ofrece tratamientos a base de plantas para dolencias del «riñón, hígado, vesícula biliar, próstata, piel y otras patologías.»

Bienvenido dice que el negocio ha aumentado durante la pandemia. Algunos clientes compran hierbas para hacer sus propias infusiones, bálsamos y otros preparados para reforzar su sistema inmunológico. Él cuenta cuidadosamente el número de hojas que necesitarán, las envuelve en una hoja de periódico viejo y les explica las recetas. También vende sus propios preparados. Entre ellos hay uno que llama el Titán, una bebida que combina siete plantas medicinales: aloe vera, hojas de guanábana, chaya, moringa, hojas de aguacate, arbusto de la vela y hojas del árbol de calabazas. El Titán, dice, limpia el cuerpo.

Bienvenido dice que aprendió a conocer algunas plantas medicinales gracias a su abuela y que los conocimientos de la familia sobre curas populares se remontan a un antepasado traído del Congo durante la trata de esclavos para trabajar en los campos de caña de azúcar.

«Todos los conocimientos de África han pasado de generación en generación», dice por teléfono, y añade que actualiza sus conocimientos mediante la lectura, la investigación informática y la escucha de un programa de radio gubernamental sobre medicina verde.

Las prácticas médicas alternativas son «una forma de volver a la naturaleza», dice Pérez, «sobre todo teniendo en cuenta que la gente tiene la idea de que los tratamientos basados en plantas causan menos reacciones adversas que los medicamentos químicos.»

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