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Las tristes etapas que pasamos todos los cubanos que nos vamos definitivamente de Cuba

No son pocos los cubanos en la Isla que sueñan con algún día poder salir de viaje, y en gran parte de los casos en asentarse en otros países de forma permanente. Conocer el mundo, labrarse un mejor futuro y ayudar a los familiares de una mejor manera, son solo algunos de los motivos que llevan a los cubanos a emigrar.

El Deslumbramiento: Tras llegar a un nuevo país, es inevitable que se comience a notar la enorme diferencia con la tierra que los vio nacer. Las casas, los hoteles, los autos, las tiendas, los lujos, el desarrollo, la tecnología, deslumbran a los cubanos cuando ponen un pie fuera de la Isla.

El Gorrión: Si bien es cierto que habiendo cumplido el gran sueño de sus vidas todo parece ir a mejor en un primer momento, tarde o temprano “el gorrión” se hace sentir. Gorrión es un término empleado por los cubanos para hacer referencia a extrañar su tierra natal. Llega un momento en que se comienza a extrañar su tierra, a su gente, a la vida que llevó durante todos esos años en Cuba y las cosas que odiaba son las cosas que extraña.

El choque con la realidad: Una vez que sales de Cuba ya no hay vuelta atrás, pero en muchos casos las nuevas responsabilidades como pagar la renta, las diferentes facturas, el seguro del auto, entre otros, hacen que el cubano pueda sentirse abrumado, pues tienes que luchar muy fuertemente para poder salir delante y lo más malo es que lo deberás hacer sin la presencia de los tuyos.

El refuerzo de lo cubano: Cuando se lleva tiempo fuera de Cuba es inevitable que ya te hayas ido acostumbrando a vivir rodeado de personas de diferentes nacionalidades y culturas. Es así que se descubren en un dilema por no querer perder la cubanía y te aferras a la música tradicional cubana, a la comida criolla, y al acento tan particular de los cubanos.

La resignación: La última de las etapas por las que pasa el cubano emigrado es la resignación. Finalmente se termina aceptando que estás en el lugar que quisiste estar y por el que luchaste. Es en ese momento que aceptas que vas a perderte incontables momentos junto a tu familia y que cuando regreses de visita es muy posible que ya no estén todos los que dejaste. Tendrás que aprender a vivir el resto de la vida sabiendo que ganaste mucho al irte, pero debes aprender a vivir dividido entre la isla y el nuevo país para donde decidiste emigrar y a pesar de que lo enfrentarás con valentía al pensar que ganaste mucho yéndote, de vez en cuando recordarás también cuanto perdiste.