viernes, enero 21, 2022
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El «desagüe» en que se ha convertido la desembocadura del Río Almendares, en La Habana

El capitalino río Almendares lleva décadas constituyendo uno de los mayores basureros improvisados de La Habana, haciendo que todos los desperdicios que va recolectando en el largo recorrido de su cauce, terminen acumulados en su desembocadura.

El punto final del torrente de 45 km (cuyo nombre aborigen es Casiguagua) guarda cantidades industriales de pomos plásticos de aceite de cocina, pomos y latas de bebidas, desodorantes, pomos de shampoo y de suavizador, botellas de vidrio, latas de conservas, piezas de equipos de todo tipo y equipos enteros, ropa, juguetes, etc.

La Revista Española de Salud Pública aseguró recientemente que la contaminación marina (como la evidenciada en el rincón habanero) puede influir significativa y negativamente en la salud de la población y en la economía territorial, debido a la transmisión de enfermedades y a la atracción de plagas.

Pese a que el Gobierno cubano asegure que la protección medioambiental en el país constituye una prioridad, ninguna autoridad toma verdaderas acciones al respecto. La política ambiental nacional estipula que actualmente se combate contra la degradación de los suelos, la contaminación en asentamientos humanos, de las aguas interiores y marinas, y las pérdidas de los bosques y de la biodiversidad.

No obstante, el Almendares mantiene su fama, pero solo como uno de los ríos más contaminados, encontrándose flotando en él desde hace décadas todo tipo de plásticos, cartón, metal, vidrio, etc.

No se recuerdan aguas claras corriendo por La Chorrera, apelativo que le fue impuesto más tarde por los primeros colonizadores hasta que se tomó la decisión de otorgarle el de Almendares, una suerte de homenaje al obispo Enrique Almendaris.

El proyecto urbanístico y ecológico denominado Gran Parque Metropolitano de La Habana emprendió, en el año 2010, un dragado de río a raíz de la carencia de infraestructura de alcantarillado y de las aguas albañales generadas por los casi 100.000 habitantes de los alrededores.

A la desembocadura del río llegó en 2019 un challenge mediante el cual una veintena de voluntarios se dieron a la tarea de recoger la zona en la medida de lo posible.

De esta forma, han aparecido iniciativas, a lo largo de los años, nacidas del sueño de recuperar el esplendor natural del ecosistema del Almendares, pero el problema es más grande que recoger la basura.

La suciedad y hasta el hedor que desprende el río permanecen, habiendo sido alguna vez un acueducto del cual se tomaban sus aguas directamente. En lo que se definen responsables y alternativas, hay aún quienes esperan poder bañarse en el Almendares algún día sin contraer algún tipo de enfermedad infecciosa.


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