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De restaurante de lujo a vulgar «candonga»… la decadencia del Restaurante Beijing en La Habana

El lujoso restaurante chino Beijing, ubicado en el habanero municipio de Playa, se ha convertido en un deprimente punto de venta a menos de 10 años de su apertura.

El establecimiento, prometido por el presidente Xi Jinping a Raúl Castro cuando visitó Cuba en 2014, ahora mantiene sus puertas cerradas y vende solo ruedas de cigarros y salsa de tomate.

El local, concebido como una atracción para el turismo internacional y el cuerpo diplomático, deja ahora mucho que desear.

Está ubicado en la 7ª Avenida entre 2 y 4, a unos metros del emblemático Puente de Hierro, en el barrio residencial de Miramar, y emplazada en una mansión de la década de 1930.

En su interior se exhiben grandes retratos de Fidel Castro, Mao Zedong, Xi Jinping y Raúl Castro. Fue inaugurado en agosto de 2019 por el embajador chino en la isla, Chen Xi.

En ese inicio, el restaurante tenía una capacidad superior a los 120 comensales, con una oferta de más de 50 platos típicos del país asiático (toda en CUC).

Pablo, un cocinero profesional que probó la comida del Beijing a un mes de su apertura, comentó: «El arroz frito era el más caro de Cuba, una ración por 10 CUC (250 pesos), y no era nada del otro mundo. Encima, le faltaba el frijol chino porque el día que fui se había acabado. Todos los platos fuertes estaban por encima de los 18 CUC y tampoco aquel día tenían carne de res. En aquel entonces, aconsejé a mis amistades que, si querían comida asiática, siguieran frecuentando el barrio chino, porque era mucho mejor y más económico».

Probablemente a causa de sus altísimos precios, una ex empleada del Beijing declaró: «Al poco tiempo de estar prestando servicios comenzaron a dejar de venir clientes, el lugar permanecía largas horas vacío. El salario que nos daban era una basura comparado con lo caro que vendían todo y eso propició el desvío de productos en la cocina».

Los trabajadores comenzaron rápidamente a robar productos del local para revenderlos en el mercado informal: «No pude más con aquello y me largué poco después de haber empezado allí».

El negocio demoró en concretarse incluso con el beneplácito de los autócratas chinos y cubanos y, por supuesto, encontró las habituales trabas para establecerse en el país caribeño. Se trató de la primera empresa de propiedad íntegramente extranjera en Cuba, a cargo del Beijing Enterprises Group, pero debía conseguir una gran parte de sus ingredientes mediante Cimex, la entidad de exportaciones e importaciones que dirigen los militares de la isla. De esta forma, el proyecto de una cocina tradicional china fue deviniendo en mezclas poco atractivas para los comensales.

En un reportaje del semanario británico The Economist, Li Sha, quien ayudaba a administrar el restaurante, comentó que los patos que servían provenían de Canadá, cuya «piel es más gruesa que la de los patos chinos, por lo que no queda tan crujiente».

«Aunque es sabroso, tiene una carne más grumosa y parece coliflor frita», agregó sobre el pescado agridulce, que se hacía con pargo cubano, y no con pescado mandarín. También hubo que excluir de la carta un plato con huevos y tomate salteados porque no se podían comprar con facilidad.

Los pronósticos que sobre la noticia se edificaron fueron confirmados en tiempo récord. «Vamos a ver hasta cuando dura la bonita instalación y sus maravillosos platos», planteó uno de los comentarios en el portal oficialista Cubadebate. «Como todo en nuestro país, empieza bien y al final todo es un desastre», dijo otro. «Los precios deben andar por China, ojalá me pueda comer una langosta en queso caliente cuando me suban el salario, porque ahora ni soñar con visitar ese lugar», agregó un tercero.

Pese a que las puertas principales circulares tienen un enorme ideograma rojo «shuang xi» pintado, cuyo significado es «felicidad doble», y a que no existiera una mesa número cuatro porque es un número que se considera desfavorable en China, el Beijing no ha logrado sobrepasar las dificultades planteadas por la pandemia.

Lo poco que quedaba del Beijing se vio completamente hundido luego del cierre de fronteras y de los servicios gastronómicos durante muchos meses. A finales de septiembre, cuando se publicó el listado de restaurantes que abrían de nuevo sus puertas, el local no se encontraba entre los negocios que decidieron resistir incluso con la limitación del aforo al 50% y/o limitando su oferta al servicio a domicilio.

«Me emocioné cuando vi en la inmensa reja algunos carteles que anunciaban atractivos y baratos combos, como el de arroz frito, carne de cerdo asada y papas fritas por sólo 250 pesos, entre otros», mencionó al diario independiente 14ymedio Maritza, joven residente en el municipio de Centro Habana que se acercó a comprobar las ofertas el pasado domingo.

Sin embargo, para su sorpresa, la dependienta le aclaró que los carteles eran viejos y que a lo mejor para marzo abrirían otra vez, actualmente solo ofertando cigarros y salsa de tomate.

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