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«Si la malanga es tan cara en Cuba es por culpa de Murillo», dicen los vendedores

Una vendedora ambulante pregonaba este jueves a las afueras del mercado de la calle San Rafael (Centro Habana): «¡Hay malanga, hay malanga!»

Este tubérculo lleva meses casi totalmente desaparecido del panorama comercial capitalino.

La malanga es uno de los alimentos más tradicionales de la cultura gastronómica cubana, lo mismo hervida que con mojo, en puré o en sopa o frijoles, precisamente por la abundancia de la que usualmente ha gozado.

Una clienta reclamó a la comerciante: «Ayer me dijiste a 60 pesos la libra y hoy está a 70. ¿De un día a otro sube el precio?»

El interés de los transeúntes se disipaba cuando se conocía el precio, y la vendedora acotaba: «La culpa no es mía! ¡A quejarse con Murillo!»

Los efectos de la implementación de la estatal Tarea Ordenamiento continúan emanando en el día a día del cubano promedio, pese a que el Gobierno trate de dejar el tema en el olvido.

La malanga ha sido elemento básico en las dietas infantiles y de los enfermos con padecimientos gástricos, a tal punto que llegó a formar parte del mercado racionado en algún punto del pasado.

Ya este alimento solo se encuentra en puntos de venta privados. Una vendedora explicó: «Los campesinos quieren cobrar la malanga a los transportistas a 29 pesos la libra, porque dicen que sus gastos han aumentado. A su vez, los transportistas también quieren ganar lo suyo. Si la malanga llega a mis manos a 40 pesos o más, ¿a cuánto la voy a vender en la tarima?».

Manuel, un productor villaclareño, comentó que la subida de precio reponde al aumento de los costos de producción, pues la malanga «demanda mucha agua, le gusta el riego abundante».

«Los costos de la electricidad se han disparado y para bombear la cantidad de agua que necesita un campo de malanga ahora yo gasto mucho más dinero», precisó, y agregó que «aunque se trata de un producto fuerte y no se necesitan cajas para trasladarlo, ahora mismo es un dolor de cabeza comprar sacos, porque los pocos que hay, cuando te los encuentras, también han subido mucho».

Otro de los factores que influyen negativamente constituye el combustible, otro producto escaso en la isla. «El productor que se ocupa de sacar su cosecha del campo no puede bajar la libra de malanga de los 30 pesos, y ya con ese precio está teniendo pérdidas. Yo le entrego la mía a un intermediario y cuando se la lleva ya ese no es mi problema. Es él el que pone el precio en el mercado», dijo, además, Manuel.

Los consumidores asisten con molestia a una subida que afecta muy especialmente a las personas más vulnerables del hogar. «Mi madre lleva tres años sin prótesis dental, porque primero no había material para hacerle una. Después llegó la pandemia, y todo el tema estomatológico está casi paralizado», explicó una vecina del barrio capitalino aCerro.

«La comida diaria de mi mamá son purés a base de malanga o de otros alimentos como calabaza o boniato», dijo una vecina del barrio capitalino Cerro, cuya madre lleva tres años sin prótesis dental. «A este precio yo no puedo pagarla y estoy teniendo que buscar otras alternativas, pero que no son muy saludables», reconoció, añadiendo que su hija está «terminando la lactancia de su niña y tampoco puede pagar estos precios para hacerle la transición».

No obstante, el producto se sigue ofertando en restaurantes privados y los sitios digitales que venden sus productos a los emigrados con familia en Cuba. «Puré de malanga con un buen mojo criollo y chips crujientes», ofrecía un paladar que recomienda no dejar de «probar las frituras». En conclusión, ahora se necesitan dólares para reencontrar el sabor que hasta hace poco protagonizaba los platos de ancianos y bebés.

Fuente14yMedio