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Nicaragua, “el paraíso” incendiado que buscan miles de cubanos

A casi dos meses del anuncio del libre visado para el ingreso de cubanos a territorio nicaragüense, son pocos los que se han beneficiado con la decisión del régimen de Daniel Ortega que alimentó las esperanzas de muchos de abandonar la isla; ya sea para establecerse en suelo nicaragüense o para acortar la ruta hacia el sueño americano de llegar a Estados Unidos.

El líder sandinista, que acaba de asumir su cuarto mandato presidencial consecutivo aislado internacionalmente por la falta de legitimidad democrática y la dura represión a sus opositores, adoptó esa decisión el 22 de noviembre pasado en forma sorpresiva. Esto alimentó las sospechas de quienes ven en su política de apertura hacia la inmigración cubana una manera de ayudar a su colega Miguel Díaz Canel, como una válvula de escape de la olla a presión que han generado en Cuba los ciudadanos que vienen manifestando su hartazo.

Aunque la medida se conoció hace dos meses, fue solo hasta este 12 de enero que se reanudaron los vuelos directos entre Cuba y Nicaragua, que habían sido cerrados por la pandemia. Después de una angustiante espera para muchos isleños, Aruba Airlines comenzó a cubrir la ruta La Habana-Managua, aunque se desconoce la frecuencia con la que operará.

Hasta ahora, las únicas líneas aéreas que ofrecían la posibilidad de hacer el viaje eran la panameña Copa, que solo cubre la ruta directa entre La Habana y Panamá, y la colombiana Wingo, que vuela desde la capital cubana a Bogotá. Esto obliga a los viajeros a comprar otro boleto para completar el viaje a Managua, situación que según activistas cubanos eleva el costo del viaje a unos dos mil dólares.

Pese al alto precio, a diario se observan frente a la Embajada de Panamá y el Consulado de Colombia filas de personas en busca de completar los requisitos para viajar a esos países, para desde allí volar a Nicaragua. “Ellos venden lo que tienen o piden ayuda a sus familiares que viven en el exterior para pagar el boleto”, dijo el activista cubano Antonio Rodiles.

La posibilidad de viajar a través de la venezolana Conviasa, que ofrece vuelos directos entre La Habana y Managua a un costo de entre 500 y mil dólares, se ha vuelto una pesadilla. Muchos cubanos tienen boletos comprados desde antes de que éstos se suspendieran por la pandemia y aún no han podido viajar.

Y mientras esa postergada ruta empezó a cubrirla Aruba Airlines, también de bandera venezolana, miles de cubanos siguen a la espera de un vuelo para cumplir el “sueño nicaraguense”, un síntoma de la improvisación y los dolores de cabeza surgidos de la decisión de Ortega de levantar el visado. Para muchos analistas, el objetivo del líder sandinista es retribuir la contribución del gobierno cubano con las vacunas para su país. Otros ven allí una forma de presionar a Washington con un arma tan cruenta como atípica: el éxodo de caravanas migrantes buscando la frontera norte.

En cualquier caso, la nueva ruta La Habana-Managua parece pronosticar un capítulo adicional en las cada vez más recurrentes crisis migrantes en Centroamérica y el viacrucis de cubanos buscando salir de la isla, en busca de un paraíso que no siempre los recibe con los brazos abiertos.

Del sueño nicaragüense al sueño americano

Para Rodiles, la inusual apertura de la política migratoria nicaragüense podría estimular un nuevo éxodo masivo similar al del Mariel en 1980, que permitió que más de 100 mil cubanos llegaran masivamente hasta Miami; aunque en esta ocasión las circunstancias son distintas y la travesía no es directa, sino a través de Nicaragua.

“El objetivo principal es que haya una salida masiva de personas y no solo de opositores, porque a los opositores ellos los están sacando o permitiendo salir a un tercer país. Pero en el caso de Nicaragua será en cantidades mayores porque el régimen ha convertido eso en un negocio. Porque primero salen las personas, se van a Estados Unidos, se establecen allá  y pronto están mandando remesas a sus familiares. Así que este es un mecanismo que además de disminuir la presión interna, sirve de subsistencia para el propio régimen cubano”, asegura el analista cubano radicado en La Habana.

Tomando en cuenta que el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador también funciona como aliado de Cuba (o al menos no condena sus abusos en materia de derechos humanos, como la mayoría de la comunidad internacional), Rodiles asegura que la dictadura de Miguel Díaz Canel podría facilitar la movilización de cientos de cubanos hacia la frontera sur de Estados Unidos para exacerbar la crisis migratoria que han provocado las caravanas de migrantes; para luego forzar alguna negociación con Washington que propicie la suspensión de las sanciones que ese país ha impuesto al régimen castrista.

Rodiles incluso considera que esta complicidad de Nicaragua con Cuba podría ser en respuesta a la política exterior del presidente estadounidense Joe Biden, quien no retomó la apertura que inició Barack Obama durante su mandato. Además, como recordó Rodiles, los conflictos migratorios entre Cuba y Estados Unidos siempre se han registrado durante administraciones demócratas.

Claudia fue una de las que compró un boleto en Cuba para viajar a Nicaragua y todavía no pudo hacerlo por la suspensión de los vuelos de Conviasa. Su meta: salir de la isla para explorar otro país que le ofrezca una mejor calidad de vida. Según declaró para este reportaje en La Habana, pretende aprovechar el libre visado que permite el régimen de Daniel Ortega desde noviembre. Pero no acaban ahí sus aspiraciones: quiere trabajar en Nicaragua, así sea por un tiempo, y enviar remesas a sus familiares. “Tengo un niño”, revela y confiesa: “No lo puedo dejar solo”.

Con un trabajo en su nuevo destino nicaragüense podría dar sustento a su familia, que en Cuba queda a merced de una dura realidad. “Es un país muy bonito”, dice al escuchar los comentarios de otros cubanos que han viajado a Nicaragua antes de que se pusiera en vigencia la medida dispuesta por el régimen de Ortega.

Claudia vive en Camagüey, una ciudad situada en el centro-este de Cuba. Ella es una entre muchos otros cubanos que han puesto sus miras en Nicaragua. Como casi todos, tiene temor de dar muchos detalles de sus expectativas de viaje y es prudente al conversar sobre este tema.

Nicaragua no es un destino nuevo para los cubanos. Muchos se han instalado allí como parte de la diáspora de los últimos años. En medio del silencio que prefieren mantener sobre sus motivos para salir de la isla, la mayoría reconoce que su objetivo principal es migrar a Estados Unidos, lo que resulta complicado porque no suelen contar con los recursos necesarios para semejante travesía. “Muchas personas usan esa vía arriesgando sus vidas al cruzar, pero no es mi intención hacerlo”, apunta Claudia para justificar su decisión de volar a Nicaragua.

Sin embargo, no son pocos los cubanos que vienen manifestando desde fines de noviembre en las redes sociales sus intenciones de llegar a Managua, como parte de un largo trayecto que los podría llevar hasta Estados Unidos a través de la frontera con México.

Un ciudadano cubano que reside en Nicaragua comentó que, poco después de darse a conocer la decisión de otorgar el libre visado a los habitantes de la isla, él recibió una buena cantidad de llamadas preguntando “cómo son las cosas aquí en Nicaragua, ya sea para quedarse, para venir a comprar o para seguir recto” a Estados Unidos.

Añadió una visión en la que coinciden otros: “Nicaragua se va a volver una válvula de escape para la olla de presión [que es Cuba]”. Mencionó que en el ambiente alrededor de esta decisión permea la desinformación y la especulación. “Yo les digo que se vayan para el norte porque aquí es muy difícil encontrar trabajo”, aconseja.

Una válvula de escape

“Los cubanos que vienen es para volar; aquí no esperan ni dos días porque saben que esto es como una válvula de escape y en cualquier momento la van a cerrar”. Quien habla es un ciudadano cubano que vive hace tiempo en Nicaragua. Él y otros isleños que temporalmente se encuentran asentados en el país tienen un objetivo inmediato en común: una mejor calidad de vida. Y a su vez, huir de la continuidad de la dictadura castrista que hoy encabeza Miguel Díaz-Canel. “Eso nos está ahogando y necesitamos ser libres”, dijo escuetamente otro entrevistado, siempre desde el anonimato.

“Ortega quiere crear un caos en la frontera”, apuntó la legisladora María Elvira Salazar. Y su par Marco Rubio, de origen cubano, advirtió que Díaz-Canel “utilizará la migración masiva como un arma tras las históricas protestas del 11 de julio”.

“El régimen Ortega-Murillo está ayudando a la dictadura cubana al eliminar los requisitos de visa para instigar la migración masiva hacia nuestra frontera sur”, agregó el senador Rubio y señaló que la administración de Joe Biden “debe responder rápidamente y tomar esto por lo que es: un acto hostil”.

Pese a las sospechas, no hay evidencias de que la decisión de Ortega busque golpear a Estados Unidos con una crisis migratoria en su frontera. Por eso otros, como el abogado y periodista nicaragüense Héctor Mairena, prefieren mirar la decisión del gobierno nicaragüense como parte de un patrón de “colaboración” disfrazada de ayuda humanitaria, pero siempre con motivos ocultos, algo que se ha visto en ambas direcciones gracias a “una identidad ideológica” compartida: “Detrás de eso (el libre visado) no hay buenas intenciones. Cuba vive una crisis no solo económica sino también política, porque hay una creciente oposición más activa”.

Mairena explica que esta cooperación a Cuba “le permite sobre todo realizar operaciones económicas. Un asunto viejo y bastante conocido”. Añade que “las relaciones entre Cuba y Nicaragua son bastante estrechas y pasan sobre el hecho de que Nicaragua le permite a Cuba abastecerse triangulando operaciones económicas”.

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