InicioCuba CuriosaLa crisis de los balseros del Mariel, los cubanos que cambiaron Miami

La crisis de los balseros del Mariel, los cubanos que cambiaron Miami

Dos grandes motivos fundamentales dieron pie a que miles de cubanos se lanzaran a realizar una travesía incierta durante la avalancha producida por puente marítimo Mariel-Cayo Hueso, Florida, en abril de 1980: el deseo de libertad y la necesidad de labrarse un mejor futuro.

Muchos de los que dejaron la Isla por esta vía lo hicieron tan solo con la ropa que tenían pues y sin un solo centavo. Sin embargo, su integración a la sociedad de Miami tuvo un carácter transformador.

La conocida como Generación del Mariel amplió el consumo en Miami, la fuerza de trabajo y llevó el idioma español hasta los más recónditos rincones en los que hasta ese momento habían resistido la “invasión cubana”.

Los “marielitos” cargaron en sus espaldas diversas culpas, de las que tuvo que pasar mucho tiempo para que pudiera librarse. La de mayor peso quizás fue la de haber vivido hasta ese momento bajo los designios del gobierno cubano.

Le tomó dos meses a al Gobierno de EEUU decidir que trataría a los recién llegados como solicitantes de asilo en vez de refugiados

Poco importaba si lo hubiera hecho por su fecha de nacimiento, doctrinas familiares o ideales políticos, ya que durante sus primeros años en Miami se les recordó a cada momento sus errores o los de sus familiares, que no lograron una salida a tiempo del comunismo. Si en la actualidad, en Miami es un sitio en el que cualquier cubano puede comenzar una nueva vida sin tener que esconder su pasado en la Isla, es gracias al Mariel.

Gran parte de los exiliados habían llegado a Estados Unidos a sus esfuerzos y los de sus familiares, tras haber realizado un recorrido que podía incluir una estancia de varios años en un tercer país y una larga espera, los marielitos habían simplemente aprovechado una oportunidad única.

Luego de tomar la decisión de salir de Cuba, muchas de estas personas fueron montadas en botes pertenecientes a desconocidos en muchos y casos y llevados hasta Cayo Hueso. No habían venido, los “habían traído”.

Esta fue otra de las culpas que tuvieron que cargar consigo. Lo sucedido anteriormente en el puerto de Camarioca, Matanzas, y luego durante los Vuelos de La Libertad, fue una especie de éxodo escalonado que no ocasionó una división tan brusca entre unos y otros: “Yo ya estaba aquí y tú acabas de llegar”.

El éxodo terminó oficialmente el 26 de septiembre de 1980

A diferencia de quienes salieron antes, los marielitos encontraron en Miami una estructura de negocios cubanos que les permitió insertarse y comenzar a trabajar. De cierto modo, hizo posible que su nueva vida fuese mucho menos traumática.

Quienes se establecieron en Miami en los 80 tuvieron que pasar por dos grandes procesos de asimilación. Uno fue adaptarse a un nuevo país, nuevo idioma y nuevas costumbres. El otro fue ir descubriendo que mientras en Cuba se habían ido deteriorando una serie de principios elementales, en Miami perduraban algunos valores caducos que quien acababa de llegar consideraba superados. De cierto modo fue un regreso a los años 50 en el mundo de los 80. Algo así como un futuro en forma de pasado.

El álbum fotográfico de todo lo sucedido durante los días del Mariel y las imágenes de la vida actual de esos miles de protagonistas, representa una fuerte herramienta de propaganda. Entonces la historia se captó en blanco y negro. Fueron días extremos, de grandes contrastes.

El Gobierno cubano ordenó a los últimos 150 barcos en el Mariel que abandonaran el puerto sin pasajeros

La adopción de Miami como patria no deja de tener un carácter contradictorio, aunque tiene su justificación. Contrariamente a quienes llegaron durante las décadas de 1960 y 1970, la Cuba que los marielitos dejaron atrás no significa añoranza, salvo en los recuerdos personales.

Para los inmigrantes, el triunfo va en aumento a medida que logran integrarse más con el país que los adopta. Todos aquellos que vieron en el Mariel  la posibilidad de llegar a tierras de libertad no han abandonado nunca el sentirse cubano, más bien han aumentado la geografía de su patria

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