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Cubanos en Miami aprovechan los huecos legales del embargo para enviar ropa y medicamentos a Cuba

María es cubana y lleva cuatro años en Miami, Florida. Para enviar ropa y medicamentos a familiares en su país natal, acude a una agencia de paquetería, un tipo de negocio omnipresente en la ciudad que sabe jugar con los límites del embargo estadounidense a Cuba.

Las agencias se han adaptado a la medida impuesta por Washington desde febrero de 1962. Por precios que oscilan entre 2,5 y 5 dólares por libra (0,45 kg), envían a la isla caribeña –situada a 145 km al sur de Florida- todo tipo de productos.

En Miami, que alberga la mayor comunidad cubana de Estados Unidos, numerosas personas como María recurren a esos locales para brindar un apoyo esencial a sus seres queridos en Cuba, golpeada por su peor crisis económica en 30 años.

«Estoy feliz de poder ayudar a mis padres y mis hermanos», dice esta contable de 33 años, que lleva cuatro años en Florida y se siente triste por la situación en su país.

– Los agujeros del embargo –

El bloqueo, como lo llama el gobierno de La Habana, autoriza la exportación de alimentos y productos agrícolas de Estados Unidos a Cuba.

También permite que ciudadanos manden una vez al mes artículos como medicamentos, ropa y dispositivos electrónicos, siempre y cuando las cantidades se ajusten a las de un regalo entre particulares.

Según los productos y el plazo de entrega, las agencias envían los paquetes por mar o por aire.

«Los barcos son lo más barato, pero los artículos tardan como mínimo tres meses en llegar al destinatario», explica la gerente de unos de estos establecimientos, Ana, que aceptó hablar sin dar su verdadero nombre.

«Por avión se tarda unos 45 días, aunque luego depende de las autoridades cubanas», precisa.

Algunas empresas de transporte marítimo realizan envíos periódicos a Cuba directamente desde Estados Unidos. Pero otras transitan por países terceros como México o Panamá, una forma de eludir el embargo.

«Al hacerlo esas compañías no tienen las restricciones sobre qué puede enviarse», dice John S. Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial Cuba-Estados Unidos. «Son más baratas porque tienen más actividad y una mayor variedad de productos disponibles».

– Las «mulas» –

Ana asegura que su empresa no recurre al transporte marítimo por terceros países y que, respecto a los envíos aéreos, sólo los hace a través de las aerolíneas de pasajeros que aceptan transportar carga en sus aviones.

Admite, sin embargo, que otras agencias recurren a las «mulas», personas que vuelan de Estados Unidos a Cuba llevando todo tipo de artículos en su equipaje, a cambio de dinero.

«Una mula puede llevar a Cuba un microondas para alguien, ropa, medicamentos con receta, etc., y también dinero», explica Kavulich.

Pero la labor de esas «mulas», que ofrecen también sus servicios a particulares, va más allá de la simple ayuda entre familiares y puede constituir una especie de canal de importación paralelo en Cuba.

«Envían lavadoras, carburadores, neumáticos, champús, tintes, esmalte de uñas» para negocios, enumera Kavulich.

Una práctica con la que las autoridades estadounidenses suelen hacer la vista gorda, afirma el experto, y que, en Cuba, puede sortear la aduana si las cantidades no sugieren un uso comercial de los productos.

– Un acceso desigual –

Desde hace unos meses, quienes quieren ayudar a sus allegados en Cuba cuentan con otra opción que las agencias de paquetería: supermercados en línea que envían las compras a domicilios en la isla.

Una de esas plataformas más conocidas es Katapulk, fundada por el empresario cubano-estadounidense Hugo Cancio, con sede en Miami.

Sólo en noviembre de 2021, esa compañía pujante envió a Cuba unas 83 toneladas de productos desde Miami.

Según Kavulich, los envíos de mercancías y dinero, ya sean por agencias, «mulas» o plataformas en línea, «agrandan la distancia entre aquellos (en Cuba) que tienen acceso a amigos y familiares y los que no».

«Y políticamente son un recuerdo visible del fracaso del gobierno cubano», asegura.

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