El Mariel, la jugada oculta de Fidel Castro vaciando las cárceles de delincuentes y enviándolos a Miami

Luisa del Llano

El Mariel, la jugada oculta de Fidel Castro vaciando las cárceles de delincuentes y enviándolos a Miami

El pasado 15 de abril se cumplieron 41 años del inicio de la crisis migratoria del Mariel (1980), cuando Fidel Castro autorizó la llegada de embarcaciones de cubanos radicados en Estados Unidos al puerto habanero (en aquel momento) para recoger a sus familiares y amigos que también quisieron emigrar de la isla.

La única condición que el régimen impuso para que esto ocurriera fue que debían llevarse en esas embarcaciones, además, a “antisociales”, eufemismo utilizado para referirse a criminales convictos.

Aquí se aludía a presos comunes (muchos siendo peligrosos y hasta con problemas mentales que propiciaban la violencia) y a los que se recluyeron en la embajada de Perú en La Habana apenas 11 días antes.

Esta fue la alternativa que halló Castro para deshacerse de todos aquellos indeseables, incompatibles con su Gobierno, como los 11.000 que irrumpieron en la sede diplomática para solicitar asilo político.

Todo formó parte de un maquiavélico plan para reparar los daños de imagen que supuso esta insurrección, pues en ese momento se pensaba que la gran mayoría de los cubanos apoyaban al régimen.

A la vez que enviaba a todos sus delincuentes a Miami (para que crearan problemas), limpiaba la reputación de su dictadura haciendo creer que los que deseaban huir de la isla eran todos unos criminales y unos anarquistas.

También se autorizó la emigración de cualquier tipo de “escoria” (como Castro los tildó), por lo que muchas personas estuvieron dispuestas a declarar que se dedicaban a la prostitución, al proxenetismo, que eran criminales de cualquier tipo y homosexuales.

Por si fuera poco, Fidel Castro desencadenó todo un movimiento de repudio que sobrepasaba los límites de lo moral hacia aquellos que se iban, cuyo protagonista fue el “pueblo revolucionario”.

Con el amparo de las fuerzas policiales, los cederistas y militantes eran coaccionados o, peor, iban voluntariamente a rodear domicilios, insultar y apedrear a los detractores del régimen, y hasta lanzar huevos se convirtió en una práctica común para las turbas furiosas.

También tenían que soportar el hambre y la sed y los vejámenes de los guardias en Mosquito, el sitio alambrado cercano al Mariel desde donde se esperaba para abordar las balsas que los trasladarían a la Florida.

Luego de estas movilizaciones casi fascistas, Fidel Castro ordenó que cesaran todas las vilezas provocadas por la “indignación de las masas revolucionarias”, por lo que se calmaron las acciones violentas con al menos tres muertes.

Después que se efectuaran negociaciones entre los gobiernos de Fidel Castro y de Carter, se cerró el puerto del Mariel a finales de septiembre de 1980 para los barcos provenientes de Estados Unidos.

Durante los cinco meses que duró el puente marítimo, de abril a septiembre de 1980, hubo un flujo migratorio de más de 125.000 cubanos hacia la Florida, superando las cifras del éxodo de Camarioca, de acuerdo con datos del Departamento de Inmigración y Extranjería del Ministerio del Interior.

“Los marielitos”, como se les llegó a conocer, tuvieron tiempos difíciles, por la fama de indeseables que les propinó el régimen y los tantos criminales que salieron de las prisiones cubanas para emigrar. No obstante, con esfuerzo, muchos lograron dejar atrás la mala imagen y abrirse camino, como Reinaldo Arenas, uno de los más conocidos de la llamada Generación del Mariel.

Pero el que ríe último, ríe mejor. El gobierno cubano lleva años incentivando la inversión de los cubanos que el régimen echó a palos de la isla.