InicioCuba CuriosaLeandro, un viejo revolucionario que lleva el comunismo en la sangre en...

Leandro, un viejo revolucionario que lleva el comunismo en la sangre en tiempos de internet

Por allá por 1930, cuando nació Leandro, no había televisión, teléfonos móviles, computadoras ni internet. La radio sí, el cine ya no era mudo y los periódicos contaban con muchas páginas.

A sus 27 años de edad, se enroló en una célula de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, que una noche de 1958 se dio a la tarea de paralizar la ciudad al colocar 100 explosivos caseros y cócteles molotov.

En ese entonces, Leandro pensaba que los inventos del hombre habían llegado a su máxima expresión y que no se podía hacer mucho más.

“Ya no hay más nada que hacer. Todo está inventado. Teléfonos, barcos, aviones, autos y hasta bombas atómicas, así que deja de estar haciendo el ridículo”, le comentó en una ocasión a un amigo suyo que vivía metido dentro de las revistas norteamericanas de ciencia y técnica, cuando este le sacó el tema que algún día los robots controlarían la producción y que el hombre llegaría a volar a la luna.

Leandro siempre se mantuvo alejado de todo lo que tenía que ver con la ciencia y la tecnología. Su biblia, fue La historia me absolverá.

Tras la llegada de Fidel Castro a La Habana, en 1959, Leandro y sus compañeros de Acción y Sabotaje estuvieron presentes en la ocupación de varias estaciones de policía y en saqueo de no pocas residencias de los «sicarios» de Batistas.

A su vez, también tuvieron en la mirilla varias casas vacías que les resultaron demasiado ostentosas. De esta forma, se hizo de su primera nevera Frigidaire y de un tocadiscos de una marca que ya no alcanza a recordar.

Un poco después, él y su grupo la emprendieron a batazos y hachazos con las ruletas, mesas de póker y máquinas tragaperras. Era un hombre curtido para el jaleo que hacía cualquier cosa que orientara Fidel.

“Aquí se hace lo que diga Fidel. Si el comandante dice que esto es comunismo, estamos con él. Lo más valioso es la lealtad. Estar dudando es cosa de gente floja”, solía decir.

Por la devoción que sentían hacia el máximo líder cubano, estuvo presente en Girón, recibió entrenamiento en técnicas de sabotaje en una base militar secreta y, en octubre de 1962, bajo una llovizna fría, juró que prefería morir antes que ceder a las presiones políticas de Estados Unidos.

Fue partícipe de varias guerras civiles en África. No prestaba mucha atención a quien apuntaba con las armas. Lo mismo le daba si eran blancos sudafricanos, negros de la UNITA o soldados somalíes.

Lo suyo era acatar los designios del Comandante en Jefe. Lo demás pasaba a un segundo plano. En 1980, Leandro fue uno de los encargados de convocar pequeños grupos de vecinos del barrio para gritar copiosos improperios y lanzar huevos a los “degenerados de mala madre” que decidían dejar la Isla por el Mariel.

Con el paso de los años, aquella “etapa dulce” de la violencia revolucionaria fue quedando atrás. El Muro de Berlín ya no estaba y los camaradas soviéticos hicieron sus maletas y se largaron de la noche a la mañana a sus respectivas repúblicas.

Durante la década del 90, la misión fue “resistir” y mantener en observación constante a todos los elementos contrarrevolucionarios. En su barrio había unos cuantos, por lo que de vez en cuando les montaba un mitin repudio por “orientaciones de arriba”.

En la actualidad, Leandro se mantiene firme a sus ideales, aunque tuvo sus encontronazos ideológicos con algunos de los pasos dados por Raúl Castro, quien, según él, le dio mucha ala a los maricones y a los cuentapropistas.

“Darle ala a los maricones y travestis es una bomba de tiempo. Y es peligroso darle tanto espacio a los cuentapropistas. Cuando hagan mucho dinero, se le van a virar con carta, te lo aseguro”, dice.

A pesar de los cuestionamientos, cuando suena su celular, asignado por la Asociación de Combatientes para movilizaciones urgentes o armarle una contrarrespuesta a opositores de barricada, Leandro no deja de asistir.

“Las ordenes se cumplen. No se discuten. Así de simple. O ellos (la oposición) o nosotros. Si esos cabrones toman el poder van hacer lo mismo. Por suerte, ya estoy viejo”, dice.

A ratos, le pide a su nieto que le revise el móvil a ver si ha entrado algún sms de última hora. “Yo no sé andar en esos aparatos. Cuando yo nací, no había nada de internet ni celulares y todo se hacía igual”, concluye Leandro.

Relacionados
- Advertisment -

Últimas entradas