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Luisa, la cubana que dice adivinar el futuro frente a la Catedral de La Habana

Vistiendo como una gitana, con su pañuelo de colores llamativos y una falda ancha, Luisa se sienta cada día a adivinar el futuro frente a la icónica Catedral de La Habana.

Ella es una de las incontables adivinadoras que están desperdigadas por toda la ciudad y que se ganan la vida presagiando el futuro a través de las cartas o mirando las líneas de la mano de sus clientes.

En solo cinco minutos es capaz de decirte que sucederá con tu vida en los próximos años. Además, augura viajes al extranjero, infidelidades y desgracias.

En ocasiones, cuando el mazo de cartas españolas le revela un mensaje adverso, se le escapa alguna que otra lágrima. Ella es toda una artista en lo que hace. Si algunos de sus muertos, le susurran al oído algún dato sobre la persona que se está consultado, entonces cambia la voz como el mejor de los ventrílocuos.

Mientras le tira las cartas a sus clientes, fuma un mocho de tabaco barato.

Luisa nació a mediados del año 1959, en el barrio capitalino de Carraguao, en el municipio Cerro. Antes de darse cuenta que contaba con el don de ver más allá, se ganaba el sustento diario trabajando en una textilera en la periferia de La Habana.

Su sola existencia pudiera sobrar para el guion de una novela bastante realista. Fue obrera, miliciana y hasta puta, pero siempre luchó a brazo partido por buscarse los pesos que le permitieran alimentar a sus hijos.

En medio del período especial, la mayor de sus hijas al conocer la capacidad de su madre para predecir el futuro, le dio la idea que se tomara en serio la cartomancia y que se dedicara por entero a ello.

Se dio a la tarea de documentarse con algunos libros viejos de ese arte y luego se plantó durante varios días a aprender sobre la forma de actuar de Walter Mercado, el rey de los horóscopos y las predicciones en sur de Estados Unidos.

Sus ojos tristes, dientes careados y rostro arrugado le dan la apariencia de una anciana

Seguidamente, una vieja amiga le enseño los pormenores a la hora de tirar los caracoles y le dio algunos tips para sacarle información a la gente. Cuando sintió que ya estaba lista, comenzó a abordar a las personas en la calle.

Hay días en los que trabaja largas jornadas de hasta de 10 horas. Luego de escuchar lo que tiene que decirles, algunos de sus clientes salen llorando o riendo según sea el caso. Pero Luisa, cada día regresa a la vieja cuartería en la que vive, con sus bolsillos llenos de billete de 5 pesos, el precio que cobra por cada una de sus consultas.

“Todos los días me voy mínimo con 1500 pesos. Eso si, cuando llego a la casa estoy muerta y caigo en la cama como una piedra. Algunas personas a las que he pronosticado un viaje al exterior, me han buscado luego para regalarme dinero o ropa y me dicen que no me equivoqué y que hoy en día viven en tal o mascual país”, cuenta Luisa.

Viste como una gitana. Falda ancha, pañuelo de colores chillones.

Desde el año 2011 cuenta con su licencia para ejercer por cuenta propia, lo cual le permite llevar su talento a quienes lo busquen, sin el temor de ser cargada por la policía de un momento a otro.

“De cada 10 casos que profetizo, nueve fallecen. A veces me da cosa y no digo mis predicciones. Hace algún tiempo, un vecino al que le había anunciado que le quedaban dos semanas vino a verme. Recuerdo que me dijo que me había equivocado porque él seguía vivo.  Tenía la muerte reflejada en sus ojos, pero no se lo dije. Al otro día murió de un infarto. Lo malo de cartomántica es que no se puede predecir su propio futuro, pero me siento bien de saber que las personas pueden a través de mí, prepararse para lo que les viene, ya sea bueno o no”, concluye Luisa.