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Chofer cubano que manejaba una gacela por la calle lateral del hotel Saratoga al momento de su explosión cuenta el terror vivido (+ Video)

La rapidez y diligencia de un taxista cubano, identificado como Yorday Rivera Leyva, fueron claves tras la explosión del Hotel Saratoga, en La Habana, para salvar vidas humanas.

Yorday Rivera Leyva, quien conduce un taxi de los llamados «gacelas», pasaba por la calle Dragones, al doblar de la entrada del hotel, justo cuando ocurrió la explosión. Un video de ese momento muestra cómo el vehículo acelera y toma rápidamente Prado, hasta que se detiene a mitad de la calle, frente al Capitolio.

«Me bajo del carro y le doy la vuelta para abrir la puerta por afuera más rápido y ver que los pasajeros que llevaba no hubiesen sufrido ningún accidente, que gracias a Dios… A ellos no les pasó absolutamente nada», relató a la televisión.

Al haber estacionado frente a la escuela primaria Concepción Arenal, Yorday vio salir a un profesor que venía con niño cargado, y a otros maestros con niños caminando.

«Ahí mismo monto a los niños en el carro para socorrerlo, cuando voy a salir, viene un hombre, alguien me para: ‘Espérate que llevo una señora también en el piso’. Montamos la señora, salimos por acá, le dimos la vuelta y fuimos…», contó.

«Yo no creo que yo haya salido con vida y tan bien de donde estábamos nosotros», recalcó.

Tras la tragedia ocurrida han ido apareciendo numerosos testimonios de personas que acudieron de inmediato a prestar auxilio, entre ellos de un oficial del Ministerio del Interior describió la escena que se vivió dentro de la escuela Concepción Arenal, ubicada justo al frente del hotel.

«Yo salí corriendo por ahí para allá, porque me acordé de los niños que estaban en la escuela, y te lo juro que me la vi fea porque todavía las piedras estaban cayendo del edificio, y yo me metí por ahí para allá por todo el polvero ese a sacar a esos niños», narró.

«Imagínate que llegué a una de las aulas y había dos niñitos abajo de los pupitres, las maestras estaban ayudando, pero esos dos niñitos estaban llenos de polvo, no se veían casi, yo los vi gimiendo y cuando los levanté llorando, yo llorando, porque me vino a la mente Samuelito (su hijo)», precisó.

«Empecé a revisarlos, a preguntarles, de pronto cogí uno debajo de un brazo, el otro debajo del otro brazo, y a un tercero que estaba en la esquinita del aula me lo encaramé en los hombros, y les dije aquí llegó Superman. No sé, me dio por eso, y llorando como un niño. Pero todos salieron bien».

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