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La olvidada y triste historia de Manuel Urrutia, el primer presidente de Cuba después de 1959

Fue el único hombre que estuvo por encima de Fidel Castro en el gobierno de Cuba: el único que, en teoría, pudo darle órdenes al “comandante”.

Sin embargo, el nombre de Manuel Urrutia y su breve paso por la historia se pierden antes y después de las causas y azares que lo llevaron a ser no solo el último gobernante de derecha en la isla, sino también el primer presidente de la Cuba en revolución. Todo al mismo tiempo.

Urrutia, un abogado nacido en el centro de la isla en 1908 y radicado más tarde en el oriente, sin simpatías partidistas ni carrera política, se vio envuelto en una vorágine de acontecimientos que lo llevaron a asumir el mando político del país después del 1 de enero de 1959, al menos por unos meses.

Pero casi seis décadas después de aquellos tiempos convulsos, su figura sigue siendo tan desconocida en el extranjero como al interior de la propia isla que gobernó.

Sus desavenencias con Fidel Castro y sus renuencias al giro hacia el comunismo lo convirtieron en un personaje incómodo y, con el tiempo, su rol desapareció de las principales versiones de la historia oficial, como le sucedió a tantos otros que se opusieron al rumbo que tomaba la Cuba de aquellos tiempos.

Sus desavenencias con Fidel Castro lo convirtieron en un personaje incómodo

El ascenso y caída de Urrutia en los primeros meses de 1959 fue una especie de metáfora de las figuras con “vida limitada” que también fueron protagonistas de los inicios de la revolución cubana y olvidada después.

Pero ¿quién era y cómo llegó Urrutia a convertirse en una figura clave en los inicios de la Revolución?

El primer rastro de Urrutia en la historia de Cuba, el que marcaría el resto de su vida pública, puede ubicarse en 1957, cuando en un juicio a unos jóvenes que apoyaban el desembarco de Fidel Castro y sus tropas adoptó una posición totalmente inusual.

Urrutia era magistrado de la Audiencia de Santiago de Cuba, donde se iban a juzgar a estos muchachos que habían protagonizado el alzamiento. Pero en un acto de valentía, Urrutia dijo que a los jóvenes no se les podía condenar, porque lo que habían hecho estaba amparado por la Constitución de 1940, que decía que el pueblo tenía el derecho a rebelarse contra un gobierno dictatorial.

La actitud de Urrutia hacia los “alzados” estremeció a la opinión pública de Cuba, gobernada en ese entonces a mano de plomo por el gobierno de facto de Fulgencio Batista. Esto le trajo malas consecuencias porque la dictadura no aceptó ese fallo, comenzó una persecución política contra él y lo obligó a marcharse del país.

A Urrutia no le quedó otro remedio que huir de Cuba, aunque de cierta forma, su actitud hacia los seguidores de Castro hizo que este último volviera a pensar en él poco tiempo después.

El ascenso y caída de Urrutia en los primeros meses de 1959 fue una especie de metáfora de las figuras con “vida limitada”

Cuando la lucha en la Sierra se va consolidando, las diferentes fuerzas que luchaban contra la dictadura empiezan a pensar quién podría ser un posible candidato para sustituir a Batista y Fidel Castro propone a este magistrado por la actitud que había tenido en el juicio y porque no tenía compromiso con ninguna organización política.

La propuesta de Castro fue aceptada por la mayoría de los partidos que estaban en contra de Batista, menos el Directorio Revolucionario, una organización estudiantil que había asaltado el Palacio Presidencial en 1957.

Ante el consenso, sin embargo, el magistrado exiliado se mantuvo como el candidato elegido para sustituir a Batista en las riendas de Cuba.

Y en diciembre de 1958 tuvo lugar uno de los hechos más peculiares en la historia presidencial de isla: mientras Batista gobernaba en La Habana, Urrutia fue nombrado presidente de la nueva Cuba, en medio de la selva de la Sierra Maestra y ante Fidel Castro.

En esas fechas, el almirante Wolfgang Larrazábal, que era presidente provisional de Venezuela, envía a la Sierra un avión con armas. En ese avión venía también Urrutia y se constituye allí un gobierno provisional. Se entrevista con Fidel Castro y se le nombra presidente.

Después de su atípico nombramiento presidencial, Urrutia pasó los últimos días diciembre refugiado en un lugar también muy peculiar.

Fidel lo manda para Vegas de Jibacoa, que era un lugar que había creado que era como una especie de Yenan (los campos de concentración para intelectuales en China), donde estaban los intelectuales que apoyaban a los alzados y donde trasladó Radio Rebelde (la emisora de los insurgentes creada por el Che Guevara).

Fue el único hombre que estuvo por encima de Fidel Castro en el gobierno de Cuba: el único que, en teoría, pudo darle órdenes al “comandante”.

Pero su paso por allí duró poco: en la madrugada del 1 de enero Batista huyó a Bahamas en una avioneta llena con alforjas de dinero, según cuenta la historiografía oficial de Cuba.

Era momento de que Urrutia bajara de la Sierra y asumiera sus funciones.

El primer gobierno de la Cuba revolucionara comenzó a funcionar en la Universidad de Oriente, en Santiago.

Urrutia juró formalmente y una de sus primeras medidas fue nombrar a Fidel Castro como su delegado en los institutos armados del país, a la vez que Comandante en Jefe de las Fuerzas de Mar, Aire y Tierra de la República.

El nuevo mandatario también nombró como primer ministro a José Miró Cardona, un reconocido abogado, hijo de un reconocido general de las luchas independentistas del siglo XIX.

Era un gobierno sin lugar a dudas muy moderado, de derecha. Esto llevó a que Estados Unidos le diera rápidamente el reconocimiento diplomático, ya que el presidente era un hombre tan respetable como Urrutia y el primer ministro era el presidente del colegio de abogados, hijo de José Miró Argenter. Ambos representaban los grandes intereses del capital en la isla.

De acuerdo con este profesor universitario, el de Urrutia era un gobierno que le daba a Washington la garantía de que la revolución no se radicalizara y también ofrecía a la poderosa burguesía cubana cierta tranquilidad de que no perderían sus beneficios.

Esto puede haber sido también algo táctico que Fidel Castro tuviera también en su mente. No solo aceptar un gobierno de consenso nacional, que todas las fuerzas políticas lo aceptaran, sino que también que fuera bien visto por Estados Unidos y por la burguesía cubana, para que no se produjera un cisma.

Sin embargo, José Miró Cardona renunció al cargo poco menos de un mes después y Fidel Castro asumió como primer ministro.

Una de sus primeras medidas fue nombrar a Fidel Castro como su delegado en los institutos armados del país

Fue el principio del fin del gobierno de Urrutia o, al menos, de sus funciones presidenciales.

Cuando Fidel Castro asume el premierato hace una reforma en la Constitución de 1940 y a partir de ese momento es el primer ministro quien tiene en sus manos las facultades para hacer las leyes y por tanto se le otorga al gobierno la facultad de ejecutar las leyes y toda esa responsabilidad recae en Fidel Castro.

En la práctica, desde febrero de 1959, Urrutia queda como una figura de segundo orden.

En su presidencia Urrutia lo que hizo fue más bien disfrutar de su salario, que era de 1.200 pesos. Era un abogado de derecha, pero sin ningún tipo de experiencia para lo que le tocó y al final fue una ficha más en el juego político de aquellos años.

Tras su llegada al gobierno, Fidel Castro comienza a impulsar las llamadas “leyes revolucionarias”, que fueron desde dos polémicas reformas agrarias hasta la confiscación de bienes a las familias poderosas.

Urrutia al principio apoya esas leyes, pero después comienza a distanciarse cuando considera que esas leyes están acercando al país al comunismo. Eso provoca una crisis del gobierno, Fidel Castro renuncia y esto obliga a que Urrutia, a su vez, renuncie también.

Fidel Castro anunció su renuncia por la televisión y luego, sus seguidores, convocaron a una movilización para pedir la renuncia de Urrutia. Fue un acto masivo y no había dudas de que Fidel era el héroe del momento y que a Urrutia no le quedaba otra opción que renunciar.

Tras renunciar a la presidencia en julio de 1959, Urrutia se refugió en la embajada de Venezuela.

Lo sustituyó en el cargo Osvaldo Dorticós, un líder que unos años después terminaría pegándose un tiro en la cabeza.

Desde 1976, la figura de presidente de la República desapareció de la constitución de Cuba y todo el poder recayó formalmente sobre Fidel Castro.

A Urrutia un salvoconducto le permitió salir de Cuba y se asiló en Estados Unidos donde, desde la sombra y sin respaldo, intentó hacer oposición al castrismo hasta su muerte en 1981.

En el exilio no tuvo mayor trascendencia. Él no era un político, los que lo conocieron siempre se refieren a él como un hombre sin carisma, anodino. Realmente había llegado a un lugar al que realmente él ni siquiera se imaginó ni pretendió llegar. Fue un instrumento del momento histórico que le tocó.

Envejecido y desgastado, su nombre se perdió desde entonces en el olvido de la historia.

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