Hay lugares en Cuba donde el tiempo parece haberse detenido, pero no de esa forma poética que uno ve en documentales. Detenido en el peor sentido posible. Eso es lo que están viviendo las familias del pequeño poblado Grito de Yara, en Río Cauto, Granma, que ya llevan más de dos semanas sin electricidad ni agua potable después del paso del huracán Melissa. Y no es exageración. Imágenes, denuncias y testimonios en redes sociales muestran a los vecinos en una lucha diaria por sobrevivir, sin recursos y sin respuestas.
El opositor José Díaz Silva, líder del Movimiento Opositores por una Nueva República, subió a Facebook fotos y relatos que estremecen. Según cuenta, hay familias que literalmente no tienen cómo cocinar ni cómo alumbrarse. Para cargar los teléfonos, tienen que ir al policlínico del pueblo, y ahí mismo aprovechan unos minutos de luz artificial para alumbrarse, como si fuese un lujo. En sus casas no hay forma, no hay corriente, no hay nada.
Y si eso ya suena duro, la cosa sigue. “Lo poco que han recibido en las bodegas es una sola libra de arroz por persona”, denunció Díaz Silva. Una sola libra. Para días enteros sin electricidad, sin agua y sin comida suficiente. En su publicación también compartió el testimonio de una vecina que está pasando por un infierno personal: “Tengo a mi niño enfermo y no tengo medicamentos. En el policlínico tampoco hay nada”. Como si fuera poco, la mujer contó que un hombre murió en la madrugada y su cuerpo estuvo allí, a la vista de todos, hasta la tarde porque no había carro para retirarlo.
El líder del MONR también aseguró que muchas familias ya no tienen ni leña ni carbón para cocinar. Están sobreviviendo como pueden, y lo poco que queda se agota rápido. Pidió ayuda urgente: agua potable, alimentos y medicinas. Además, los vecinos aseguran que el desastre no lo causó solo el huracán. Según ellos, la apertura de las compuertas de la presa Cauto el Paso provocó una inundación masiva que arrasó casas, cosechas y pertenencias. Doble golpe para una comunidad que ya estaba al límite.
Díaz Silva lo resumió de manera cruda y directa: “Hoy, Grito de Yara clama por auxilio”. Y las fotos que acompañan su publicación son un golpe al pecho. Calles llenas de barro, casas semiderrumbadas, gente caminando con cubos vacíos, niños a la intemperie. Un panorama que se repite en varias zonas del oriente, pero aquí se siente más abandonado que nunca.
Irónicamente, esta denuncia coincide con la visita del gobernante Miguel Díaz-Canel a zonas afectadas en Río Cauto, donde dijo la frase que ya todo cubano se sabe de memoria: “Nadie quedará desamparado”. Pero mientras él decía eso, los testimonios en redes contaban otra historia. Zonas sin servicios básicos, familias esperando agua bajo el sol, embarazadas y niños sin alimentos, y ayudas concentradas en las cabeceras municipales mientras el campo queda olvidado.
La situación en Granma se vuelve todavía más clara cuando se leen testimonios como el de la esposa del preso político Alexander Verdecia Rodríguez. La mujer mostró el estado de su vivienda: cubierta de lodo hasta las ventanas, todo destruido, mientras ella y sus hijas sobrevivían en una carpa improvisada. Historias así están saliendo de todas partes del oriente cubano.
Hoy miles de personas siguen rodeadas de lodo, pestes y ruinas. Siguen sin agua potable, sin electricidad y sin señales de que la ayuda llegue a tiempo. Las promesas oficiales se repiten, pero la realidad en Granma sigue siendo pura desesperanza.







