La hija del exministro de Economía de Cuba, Alejandro Gil Fernández, rompió el silencio tras el anuncio del inminente juicio contra su padre, calificando las acusaciones de “una manipulación total” y denunciando irregularidades en la comunicación con su familia.
El Tribunal Supremo Popular, brazo judicial del régimen, confirmó que el proceso arrancará este martes 11 de noviembre, a las 9:30 de la mañana, en la Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado, bajo un hermético control político y sin acceso al público ni a la prensa independiente. La Fiscalía pide cadena perpetua para el exfuncionario, acusado de espionaje y otros cargos que, según muchos observadores, tienen más de ajuste de cuentas que de justicia real.
“Nos enteramos por el noticiero”
En un audio difundido en redes sociales, Laura María Gil, hija del exministro, confesó que su familia se enteró del juicio por televisión, cuando su abuela vio el anuncio en el noticiero de la una. “No sabíamos nada, absolutamente nada. Nos enteramos porque mi abuela lo vio en el noticiero”, dijo, dejando claro el nivel de secretismo con el que el régimen ha manejado el caso.
La joven también alertó sobre posibles interferencias en sus comunicaciones, al afirmar que su cuenta de WhatsApp “está restringida desde por la mañana” y que no puede responder muchos mensajes. “No sé si es casualidad o si alguien intervino mi cuenta”, comentó, insinuando una maniobra de vigilancia o censura estatal.
A pesar de todo, Laura María asegura que intentará asistir al juicio junto a su hermano, aunque sabe que será prácticamente imposible acceder. “Haré mi mayor esfuerzo por entrar, aunque sea yo sola. A mí nada me cambia la idea de que espía no es”, subrayó con firmeza.
“Eso es una manipulación total”
La joven fue categórica: “Digan lo que digan, enseñen las pruebas que sean, a mí no me interesa. Llevo dos años en esto y estoy totalmente segura de que eso es una manipulación total de todo”. Con esa frase, Laura María pone el dedo en la llaga de un sistema judicial controlado por la política, donde los juicios a puertas cerradas se utilizan para destruir reputaciones y enviar mensajes de lealtad dentro del poder.
Añadió que seguirá luchando “como pueda, dentro de las instancias que se le permitan”, dejando claro que no piensa callarse, pese a las amenazas o las limitaciones impuestas.
Un juicio bajo el sello del secretismo
A principios de noviembre, Laura María había pedido públicamente que el juicio de su padre fuera transmitido en vivo, exigiendo transparencia y recordando que la propia Constitución cubana reconoce el derecho a la información. Sin embargo, el régimen optó, una vez más, por el oscurantismo y el control total del relato.
El caso de Alejandro Gil Fernández, quien fue destituido en febrero de 2024 tras ser el rostro visible de la fracasada Tarea Ordenamiento, se ha convertido en el mayor escándalo político dentro de la cúpula comunista en los últimos años.
El exministro enfrenta cargos de espionaje, malversación, cohecho, evasión fiscal, lavado de activos, tráfico de influencias y falsificación de documentos públicos, entre otros. Sin embargo, la rapidez y el secretismo del proceso hacen sospechar que detrás del juicio hay una purga política más que una verdadera investigación judicial.
Mientras el régimen intenta vender el caso como “una muestra de justicia revolucionaria”, la voz de su hija se alza como una denuncia de la manipulación, el silencio y la falta de derechos que marcan la realidad del sistema cubano. En un país donde el poder se recicla entre los mismos nombres, el juicio de Gil podría ser apenas otro capítulo de la lucha interna por el control del desastre económico que vive la Isla.







