La ONU admite que el régimen cubano está “abrumado” ante el desastre que dejó el huracán Melissa en el país

Redacción

La magnitud del desastre que provocó el huracán Melissa en el oriente de Cuba ha sobrepasado las capacidades del régimen para responder. Así lo reconoció Naciones Unidas, que calificó la devastación como “enorme” y confirmó que las instituciones cubanas están “abrumadas” frente a las necesidades de más de 3,5 millones de damnificados.

El coordinador residente de la ONU en la isla, Francisco Pichón, aseguró a la agencia EFE que el gobierno subestimó el alcance del desastre en sus primeras evaluaciones. Según los reportes actualizados, más de 90 mil viviendas quedaron destruidas o severamente dañadas, y 100 mil hectáreas de cultivos fueron arrasadas por los vientos y las lluvias del ciclón.

A estos daños se suman 600 instalaciones médicas afectadas, más de 2 mil escuelas en ruinas y una infraestructura colapsada en carreteras, puentes, líneas eléctricas y antenas de telecomunicaciones.

Las instituciones nacionales están abrumadas con la necesidad de responder y de producir las condiciones para una recuperación temprana”, admitió Pichón, reconociendo la incapacidad del aparato estatal para enfrentar una catástrofe de esta magnitud.

Aunque el régimen evacuó a unas 735 mil personas y no se han reportado víctimas mortales, la combinación del desastre natural con la crisis económica y energética crónica deja en evidencia la fragilidad estructural del país. Cuba enfrenta ahora una emergencia humanitaria sin precedentes en medio de apagones diarios, escasez de alimentos y colapso de servicios básicos.

Desde el paso del huracán, a finales de octubre, la ONU asumió un rol protagonista en la respuesta de emergencia. El organismo lanzó un Plan de Acción Humanitaria para asistir a un millón de personas “severamente afectadas”, con una meta inicial de 74,2 millones de dólares, de los cuales ya se han movilizado al menos 11 millones.

En terreno, agencias como el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el PNUD, UNICEF y la OPS distribuyen comida, medicinas, generadores y sistemas solares en provincias como Granma, Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo, las más golpeadas por el ciclón.

En Bayamo, los almacenes de la ONU se han convertido en centros logísticos donde se preparan raciones de arroz, chícharo y aceite para las familias desplazadas. “El trabajo se extiende hasta la noche. Muchos lo han perdido todo”, relató una funcionaria del PMA desde Granma.

Mientras tanto, en comunidades como El Cobre, en Santiago, los residentes describen el panorama como “una guerra contra la miseria y el olvido”.

Pichón pidió a la comunidad internacional que no abandone a la isla: “Se requiere el apoyo internacional, no dejar a Cuba sola en este momento”.

El mensaje es claro: la catástrofe de Melissa desnudó la precariedad de un sistema que hace tiempo dejó de estar preparado para proteger a su propio pueblo.

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