Padre de familia es asesinado a tiros en Santiago de Cuba y el régimen presume de arrestar al asesino en menos de 12 horas

Redacción

Las autoridades de Santiago de Cuba anunciaron la detención del presunto autor del asesinato de un joven en el poblado Cuatro Caminos, municipio Songo La Maya, y lo hicieron con el tono triunfalista de siempre, como si capturar a un homicida fuera una hazaña y no una obligación básica del Estado.

El periódico oficial Sierra Maestra, en su edición impresa, se apresuró a resaltar que el sospechoso fue arrestado en menos de siete horas gracias a un operativo policial “apoyado por la población”. El detalle no es casual: el régimen necesita vender eficiencia en un país donde la violencia crece y la seguridad real se desmorona.

La víctima fue identificada como Hernán Casternaux Serrano, de 31 años. Murió por disparos de arma de fuego y, según el parte oficial, el arma utilizada fue recuperada durante la captura. La Policía Nacional Revolucionaria aseguró que el acusado fue puesto a disposición de los tribunales y que enfrentará una sanción “con la severidad que contempla el Código Penal”, una frase tan repetida como vacía para quienes ya no creen en promesas institucionales.

La versión que no cabe en el titular

El crimen ocurrió en la madrugada del domingo. Aunque el medio estatal evitó explicar las causas, familiares de la víctima contaron una historia muy distinta a la frialdad del comunicado oficial. Hernán habría intervenido para detener una pelea en medio de una fiesta. Uno de los involucrados fue a buscar un arma y regresó disparando. Un tiro en la cabeza bastó para acabar con su vida en el acto.

El agresor huyó, sí, pero fue localizado horas después tras un despliegue policial que incluyó patrullas y registros en zonas rurales cercanas. Todo presentado como una demostración de eficacia, aunque el muerto ya estaba bajo tierra.

Una familia marcada por la violencia

La conmoción en la comunidad ha sido profunda. En redes sociales, su prima Zenia Kindelán Serrano expresó el dolor de una familia destrozada, recordando a Hernán como un hombre noble, de sonrisa amplia, que dejó a dos niñas sin padre. Palabras que pesan más que cualquier nota oficial.

Hernán fue velado en su casa y enterrado en el cementerio de Santana. Su muerte reabre una herida que nunca cerró. En 2019, su padre, Alexis Casternaux Medina, fue asesinado por su pareja y varios cómplices en un caso que estremeció a la provincia.

Primero el padre. Ahora el hijo. Dos generaciones golpeadas por la misma violencia que el discurso oficial insiste en minimizar o maquillar. Mientras el régimen presume capturas rápidas, la realidad es más cruda: en Cuba la muerte llega primero, y las explicaciones, si llegan, siempre llegan tarde.

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