Cuba empezó la semana recibiendo un salvavidas que llega desde el otro lado del mundo. China envió a la Isla un donativo de 30,000 toneladas de arroz como parte de un programa de asistencia alimentaria de emergencia, justo cuando la escasez de comida aprieta más que nunca y la producción agrícola nacional sigue en caída libre.
Según información difundida por medios oficiales, ya se descargaron 4,800 toneladas del cereal en los puertos de La Habana y Santiago de Cuba. La idea, al menos sobre el papel, es que ese arroz se reparta de manera inmediata y gratuita entre la población, algo que muchos cubanos esperan con ansias ante el desabastecimiento crónico de los productos básicos.
La ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, explicó que este no es un envío aislado, sino parte de un programa escalonado acordado con el gobierno chino. Es decir, el arroz no llega todo de golpe, sino por etapas, a medida que la situación interna se vuelve cada vez más complicada.
Por su parte, el embajador de China en Cuba, Hua Xin, ofreció más detalles sobre el calendario. Según dijo, un tercer lote de 15,000 toneladas ya está listo para zarpar rumbo a la Isla, mientras que otras 9,600 toneladas, casi una cuarta parte del total, se enviarán a mediados del próximo mes. Si no hay contratiempos, con eso se completaría el donativo anunciado.
Durante el acto oficial de recepción del arroz, el viceprimer ministro y titular de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Óscar Pérez-Oliva Fraga, aseguró que la ayuda será distribuida entre la población. Una promesa que llega en un momento en que acceder a alimentos básicos se ha convertido en un verdadero reto diario para millones de cubanos.
Este nuevo donativo chino aterriza en un contexto especialmente delicado. Cuba gasta alrededor de 2,000 millones de dólares al año en la importación de alimentos, incluidos los de la canasta básica, en medio de una crisis económica prolongada, inflación descontrolada y apagones constantes. Así lo reflejan datos citados por la agencia EFE, que confirman lo que se vive en la calle.
El arroz de China se suma a otros envíos recientes. A finales de diciembre, Corea del Sur donó 24,600 toneladas, canalizadas a través del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, destinadas sobre todo a las zonas más vulnerables del oriente cubano. En todos los casos, la prensa oficial ha presentado estos cargamentos como muestras de solidaridad internacional en tiempos difíciles.
Sin embargo, hay una contradicción que no pasa desapercibida. Mientras llegan donaciones de arroz por miles de toneladas, desde espacios oficiales se ha intentado responsabilizar a la población por su supuesto “exceso” de consumo. En semanas recientes, declaraciones en la televisión estatal apuntaron a que los cubanos comen demasiado arroz, un argumento que provocó indignación y burlas en redes sociales.
Economistas como Pedro Monreal salieron al paso de ese discurso con datos oficiales en la mano. Según explicó, la disponibilidad total de arroz para el consumo ha caído un 41,5 % desde 2005, y la producción nacional no ha hecho más que desplomarse desde 2019. Es decir, no es que la gente coma más, es que hay mucho menos.
Mientras el discurso oficial insiste en conceptos como “soberanía alimentaria”, la realidad es otra muy distinta. El arroz, base de la dieta cubana, sigue llegando a la mesa de millones de familias gracias a importaciones y donativos extranjeros. Una paradoja difícil de ocultar en un país donde la agricultura nacional no logra cubrir ni lo más básico y donde cada saco de arroz que llega del exterior confirma, una vez más, la profundidad de la crisis.










