500 familias cubanas reciben en el poblado de El Cobre la ayuda humanitaria enviada por Estados Unidos y repartida directamente por la Iglesia Católica

Redacción

A los pies de la Virgen del Cobre, donde muchos cubanos rezan por lo que no llega nunca desde el Estado, más de 500 familias comenzaron a recibir esta semana una ayuda que no vino del gobierno, sino de Estados Unidos. En El Cobre, Santiago de Cuba, 521 familias damnificadas por el huracán Melissa empezaron a recibir asistencia humanitaria valorada en más de tres millones de dólares, enviada desde territorio estadounidense.

El apoyo llegó en dos aviones que ya tocaron suelo cubano y forma parte de un operativo mayor, al que se sumará próximamente un barco con un nuevo cargamento. Alimentos, productos de higiene y artículos esenciales comenzaron a repartirse en la Casa de Retiros y Convivencias de El Cobre, bajo la coordinación de Cáritas Cuba, una de las pocas instituciones que todavía logra llegar a las comunidades cuando el Estado brilla por su ausencia.

La selección de los beneficiarios no fue al azar. Se priorizó a personas mayores, mujeres embarazadas, niños con enfermedades y familias con discapacidades o en situación de alta vulnerabilidad social. En otras palabras, a quienes siempre quedan al final de la lista cuando las autoridades reparten promesas. Así lo explicó Ana María Piñol Navarrete, directora de Cáritas en Santiago de Cuba, quien confirmó que esta es apenas la primera fase del programa.

La ayuda no solo representa alivio material, sino también un contraste incómodo para el discurso oficial. Mientras el régimen insiste en hablar de “resistencia creativa” y “bloqueo”, son recursos provenientes de Estados Unidos los que terminan sosteniendo a familias que lo perdieron todo tras el paso del huracán. No consignas, no discursos, no mesas redondas. Comida, jabón y artículos básicos.

Cáritas anunció que el programa se ampliará en las próximas semanas hasta alcanzar a unas 660 familias, muchas de ellas en zonas de difícil acceso del oriente cubano, donde los daños fueron mayores y la respuesta estatal más lenta, cuando no inexistente. En esos lugares, la recuperación depende más de la solidaridad externa que de cualquier plan gubernamental.

La escena tiene una carga simbólica difícil de ignorar. A los pies de la Virgen del Cobre, patrona de Cuba, llega la ayuda desde fuera mientras el país sigue atrapado entre apagones, escasez y discursos vacíos. Para esas más de 500 familias, la política importa poco. Lo que importa es que alguien apareció. Y esta vez, no fue el régimen.

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