Una publicación breve, sin fotos y con más consignas que datos fue suficiente para encender otro incendio en redes sociales cubanas. El arresto de un joven en Matanzas, acusado de robar combustible de avión, terminó convirtiéndose en tema de debate nacional, meme colectivo y símbolo perfecto de la Cuba rota que muchos viven a diario.
El anuncio apareció en la página oficialista de Facebook “Con Todos la Victoria”, donde se informó de la detención de un joven de 29 años sorprendido transportando 30 litros de lo que llamaron “gasolina de avión”. Nada más. Sin contexto, sin imágenes y sin explicar demasiado. Pero bastó eso para que el caso explotara en comentarios, burlas y cuestionamientos.
Según el parte oficial, el detenido fue identificado como Bryan Carlos Castillo Noda, trabajador de la Empresa Comercializadora de Combustibles de Matanzas. La policía lo interceptó con seis bolsas plásticas que contenían los 30 litros del combustible, presuntamente sustraído de su propio centro laboral. El relato cerró anunciando un proceso penal y celebrando la acción como parte de la política de “tolerancia cero” frente a la ilegalidad.
El tono triunfalista no pasó desapercibido. La publicación remató con una frase digna de cartel propagandístico: “ni el turbo más potente alcanza para escapar de la ley”. Y ahí fue cuando las redes hicieron lo suyo.
Uno de los puntos que más burlas generó fue el término usado: “gasolina de avión”. Usuarios con conocimientos técnicos no tardaron en saltar. Varios explicaron que los aviones a reacción no usan gasolina, sino Jet A-1, un tipo de queroseno altamente refinado. Otros fueron aún más precisos y detallaron que ese combustible se emplea en Boeing, Airbus, jets ejecutivos y helicópteros con turbina.
La confusión técnica se convirtió en festival de sarcasmo. “¿Y dónde tenía parqueado el avión?”, preguntó uno. “Con 30 litros no da ni para calentar los motores”, comentó otro. El error del término terminó restándole seriedad al comunicado y alimentando la percepción de improvisación.
Pero más allá de la burla, muchos usuarios pusieron el foco en algo más profundo: la desesperación. Para no pocos, hablar de 30 litros de combustible como si fuera un gran golpe policial resulta ofensivo en un país donde —según ellos— se roban recursos “por camiones” desde arriba.
Algunos defendieron al joven, argumentando que probablemente lo hizo para sobrevivir. “Si trabajas con miseria, miseria robas. Si no, tu familia no come”, escribió un internauta. Otros señalaron el doble rasero: “Los jefes tienen tanques llenos en sus casas para ir a la playa, pero a este muchacho lo crucifican”.
También hubo mensajes más personales y duros. Personas que decían conocer al entorno del detenido hablaron de un joven sin antecedentes, de una familia sufriendo y de una vida marcada para siempre por un delito menor en un país donde “todo es ilegal”.
Como era de esperarse, también aparecieron quienes defendieron la detención y repitieron el discurso oficial. Para ellos, la ley es la ley y no debe haber excepciones. Sin embargo, incluso entre esos comentarios se coló la crítica al sistema que paga salarios miserables y empuja a la gente al límite.
Al final, lo que pretendía ser una muestra de “orden y justicia” terminó destapando algo mucho más grande: frustración social, desigualdad, errores oficiales y una desconexión brutal entre el discurso del poder y la realidad del cubano de a pie.
El caso del joven acusado de llevar “gasolina de avión” en bolsas plásticas dejó de ser una simple nota policial. Para muchos, se convirtió en el retrato de un país donde el verdadero delito no es robar combustible, sino sobrevivir dentro de un sistema que no alcanza ni para encender el fogón.










