“Aquí se vive mejor”. Con esa frase tan sencilla como polémica, un cubano ha vuelto a encender el debate eterno en redes sociales: ¿vale la pena irse de Estados Unidos para regresar a Cuba? El protagonista de la historia es un joven identificado en TikTok como @yandrydz, quien asegura haberse “autodeportado” voluntariamente de EE. UU. para volver a la isla y vivir, según él, una vida tranquila, sin estrés y sin preocupaciones.
En el video que se hizo viral, el muchacho explica que pasó dos años en Estados Unidos trabajando duro, sin “pagarle a nadie” ni vivir de ayudas. Con ese dinero —según su versión— regresó a Cuba y montó lo que muchos no tienen: una casa con paneles solares en el techo, su propia “termoeléctrica” doméstica para escapar de los apagones, y un auto moderno parqueado frente a la vivienda, como carta de presentación.
Mientras muestra cada detalle, lanza el mensaje que más ampollas levantó. Dice que en Cuba vive relajado, sin horarios, sin jefe y sin despertarse a las cinco de la mañana. Para él, la vida ideal está en no depender de un reloj ni de un empleo formal. “Si te molesta que uno esté aquí tranquilo, sin trabajar y sin estrés, brother, no te compliques la vida. Haz lo mismo que hice yo: trabaja, sacrifícate y regresa”, afirma con total seguridad.
Pero lejos de provocar admiración, el video desató una avalancha de críticas, burlas y comentarios cargados de ironía. Muchos cubanos no compraron el cuento del “paraíso sin estrés” y le recordaron una realidad que millones viven a diario en la isla: apagones eternos, falta de medicamentos, salarios de miseria y servicios básicos colapsados.
Una usuaria fue directa y sarcástica: “¿Y llevaste un hospital con los médicos adentro?”. Otro comentario, que se repitió bastante, decía: “No, gracias. Yo prefiero quedarme aquí trabajando y despertándome a las cinco”. También hubo quienes cuestionaron sus aspiraciones personales, preguntándole sin anestesia si esa era realmente su meta de vida.
Este tipo de videos no son nuevos. En los últimos meses se han multiplicado los testimonios de cubanos que aseguran haber regresado voluntariamente de Estados Unidos u otros países porque “en Cuba se vive mejor” o “sin estrés”. Sin embargo, casi siempre el recibimiento es el mismo: incredulidad, memes y críticas.
Para muchos, estos discursos chocan de frente con la realidad del cubano de a pie, que no tiene paneles solares, ni carro, ni acceso a dólares. Otros van más allá y consideran que este tipo de contenido forma parte de una narrativa que intenta maquillar la crisis profunda que vive el país, suavizando el desastre económico y social bajo el control del régimen.
Al final, el debate queda servido. Mientras unos presumen su regreso y su “vida relajada”, millones siguen soñando con irse. Y en medio de todo, las redes sociales hacen lo que mejor saben hacer: amplificar la polémica.










