El supermercado 3ra y 70, dentro del Hotel Gran Muthu Habana, sigue siendo un escaparate del lujo en Cuba, pero uno que pocos pueden permitirse. Un año después de su inauguración, el youtuber cubano JSant TV volvió a recorrer sus pasillos y constató que los precios no solo se mantienen altos, sino que han subido aún más, mientras los productos básicos siguen siendo casi inexistentes.
Operado por el conglomerado militar GAESA, 3ra y 70 se ha consolidado como un punto exclusivo para cubanos con acceso a divisas: diplomáticos, artistas, funcionarios y quienes reciben remesas desde el exterior. Allí, la carne de cerdo alcanza 53 USD por las costillas, mientras productos de consumo cotidiano como la leche se venden a 6.50 USD por litro, superando con creces el salario promedio mensual de un trabajador cubano, que ronda los 5.000 CUP.
La mantequilla, básica en la dieta cubana, tiene precios que van desde 1.25 USD hasta 4.75 USD, dependiendo de la marca. La mortadela criolla cuesta 4.39 USD, mientras que productos de desayuno como la avena y el puré de papa alcanzan 2.75 USD y 2.30 USD, respectivamente. Las frutas tampoco se salvan de los precios desorbitados: una manzana cuesta 0.60 USD, un lujo si se compara con los precios locales fuera de estos supermercados.
No solo los alimentos muestran el contraste con la realidad del cubano común. Los electrodomésticos tienen precios que parecen pensados para otro país: un refrigerador marca Royal cuesta 685 USD, mientras una cocinita semiautomática de 8 kg alcanza los 350 USD. En cuanto a productos de higiene, champús, colonias y detergentes van desde 2.65 USD hasta 3.55 USD, convirtiendo artículos cotidianos en un lujo inalcanzable para la mayoría..
A esto se suma la falta de variedad. Los lácteos y las carnes son casi inexistentes en las estanterías, lo que deja a los compradores con opciones muy limitadas para cubrir necesidades básicas. En muchos casos, los precios se combinan con escasez, creando un escenario donde la oferta existe solo para quienes pueden pagar en dólares.
El manejo del efectivo también llama la atención. En ocasiones anteriores, ante la falta de cambio, el supermercado ofrecía caramelos como compensación, una medida improvisada que refleja el caos detrás de la aparente “modernidad” del establecimiento.
Este supermercado no es solo un negocio; es una muestra palpable de la dualidad económica que vive Cuba. Mientras la población general lidia con salarios devaluados, apagones y desabastecimiento, 3ra y 70 funciona como un oasis para aquellos con acceso a divisas, donde todo se vende en dólares o MLC. La exclusividad se convierte en privilegio, y la necesidad básica en un lujo lejano.
En definitiva, 3ra y 70 no es solo un supermercado: es un reflejo de la Cuba actual, donde el lujo militarizado y los precios astronómicos contrastan brutalmente con la vida cotidiana de la mayoría de los cubanos. Allí, comprar un litro de leche o unas costillas no es solo un gasto, es un recordatorio de que, en esta economía dual, el acceso a lo esencial se ha convertido en privilegio y no en derecho.
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