Una publicación en la página de la Brigada Médica Cubana en Venezuela, llena de frases triunfalistas sobre el regreso de un grupo de colaboradores a la Isla, parece más un intento de camuflar una retirada estratégica que un “programado” retorno de rutina. La Habana trata de vender calma, pero el momento no podría ser peor para la alianza cubano-chavista.
Tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) confirmó que parte del personal sanitario desplegado en Venezuela había sido repatriado, atribuyendo el movimiento a la “reanudación de vuelos” después del cierre del espacio aéreo durante los ataques estadounidenses.
Lo que el anuncio oficial no dice es mucho más revelador: no hay cifras concretas, ni detalles sobre cuántos profesionales permanecerán en Venezuela. ¿Es solo una rotación rutinaria o La Habana está evacuando discretamente a su personal ante el nuevo escenario político? Las dudas crecen mientras el silencio oficial se hace más pesado.
La presión de Washington también juega su papel. La Casa Blanca ha exigido a la presidenta interina Delcy Rodríguez retirar del país al personal cubano ligado tanto a la seguridad como a los servicios médicos, dentro de un plan más amplio para reducir la influencia extranjera en el Estado venezolano.
Durante más de dos décadas, el Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, firmado por Fidel Castro y Hugo Chávez, permitió al régimen cubano embolsarse miles de millones en petróleo y divisas, a cambio del envío de decenas de miles de profesionales de la salud. Ese flujo de ingresos ahora pende de un hilo.
Mientras el MINSAP habla de “cumplimiento del deber” y “misión cumplida”, testimonios de médicos cubanos recogidos por Diario de Cuba y otros medios independientes describen otra realidad: miedo, confinamiento, protocolos de evacuación activados y órdenes de silencio absoluto. La retórica heroica no logra ocultar la fragilidad de La Habana.
Si la cooperación médica se reduce o se cancela, Cuba perderá uno de sus pilares económicos más rentables, justo cuando la escasez y el descontento social se sienten en cada barrio de la Isla. Más allá de las fotos de batas blancas y banderas, el regreso de los médicos cubanos desde Venezuela podría marcar el principio del fin de una era: la del “internacionalismo proletario” convertido en negocio, sostenido por el petróleo chavista que hoy ya no garantiza supervivencia.










