Cuba atraviesa una crisis eléctrica histórica, con apagones que ya no son sorpresa, sino parte de la rutina diaria. El sistema eléctrico nacional se tambalea al borde de cortes de hasta más de 20 horas, dejando a millones de cubanos sin luz y sin respuestas claras.
Según la Unión Eléctrica (UNE), el miércoles el servicio estuvo afectado las 24 horas, alcanzando un déficit de 1,973 MW a las 7:00 pm. A primera hora de la mañana, la disponibilidad del Sistema Eléctrico Nacional apenas llegaba a 1,350 MW, frente a una demanda de 2,080 MW, dejando fuera de servicio 759 MW.
Durante el mediodía, la afectación continuó: 1,100 MW fuera de circulación, un reflejo de la precariedad estructural de la generación eléctrica en el país. Las causas, según la UNE, son roturas y mantenimientos en unidades críticas de las centrales termoeléctricas, sumado a limitaciones generales que mantienen 619 MW fuera de servicio. Entre las afectadas están las CTE Carlos Manuel de Céspedes, Nuevitas, Felton y Antonio Maceo.
A esto se suman trabajos de mantenimiento en dos bloques de Santa Cruz y Carlos Manuel de Céspedes, lo que deja el panorama aún más crítico. Para la hora pico, la situación pinta peor: con la entrada parcial de la unidad 3 de Renté y la patana de Regla, la disponibilidad apenas alcanzará 1,455 MW, frente a una demanda de 3,200 MW, generando un déficit de 1,745 MW. Si todo sigue igual, millones de cubanos podrían quedarse sin electricidad al mismo tiempo.
Aunque los 49 nuevos parques solares aportaron 2,613 MWh y 502 MW al mediodía, no alcanza para cubrir el colapso del sistema térmico. La situación en La Habana es un ejemplo clarísimo: cortes por 16 horas y 17 minutos, con una afectación máxima de 346 MW a las 7:00 pm y un restablecimiento parcial recién a las 11:13 pm.
Mientras tanto, el gobierno insiste en echarle la culpa a la “guerra económica y financiera de Estados Unidos”, sin reconocer que el problema real es la obsolescencia de las plantas, la falta de inversión y una pésima planificación. Expertos advierten que depender de combustibles importados, descuidar el mantenimiento y no contar con recursos internos sólidos solo profundiza la crisis.
La electricidad se ha convertido en un lujo. Familias completas sufren cortes que superan 20 horas, mientras hospitales, escuelas, transporte y servicios esenciales quedan al margen. Y el régimen, como de costumbre, sigue señalando afuera, sin asumir que las soluciones estructurales y la planificación estratégica son la única manera de garantizar un suministro estable.










