Régimen envía a su nuevo rostro «presidenciable» al Club de París a pedir «comprensión» por no poder pagar sus deudas

Redacción

El régimen cubano volvió a quitarse la careta ante la comunidad internacional y admitió que no tiene cómo cumplir con el pago de su deuda externa, pidiendo “comprensión” a sus principales acreedores en medio del desastre económico que él mismo ha provocado.

Según un despacho de EFE, una delegación oficial encabezada por el vice primer ministro Óscar Pérez-Oliva se reunió en París con representantes del Club de París, donde expuso el estado crítico de la economía cubana y, como ya es costumbre, culpó a las sanciones de Estados Unidos —reforzadas durante el segundo mandato de Donald Trump— como el “principal obstáculo” para el desarrollo del país.

El libreto no cambia. Mientras el régimen evade cualquier responsabilidad por décadas de mala gestión, los acreedores —entre ellos Francia, España, Japón, Canadá, Reino Unido y Suiza— optaron por reconocer los supuestos “esfuerzos” de La Habana para cumplir con sus compromisos y subrayaron la importancia de mantener los llamados “vínculos constructivos”, aunque Cuba siga sin pagar.

En enero de 2025, ambas partes se vieron obligadas a modificar nuevamente los términos del acuerdo firmado en 2015, ya reajustado en 2021, después de que el Gobierno cubano volviera a demostrar que no puede —o no quiere— honrar sus obligaciones financieras.

De acuerdo con el comunicado del Club de París, el nuevo entendimiento otorgó a La Habana condiciones aún más favorables, con el objetivo de aliviar sus tensiones económicas y evitar una ruptura total de las relaciones financieras. En otras palabras, más oxígeno para un sistema que lleva años funcionando en números rojos.

El acuerdo original de 2015 había sido presentado como un gran triunfo diplomático del castrismo. En aquel momento, se condonaron 8.500 millones de dólares de una deuda total de 11.000 millones, con la promesa de que Cuba pagaría el resto antes de 2023. La promesa, como tantas otras, quedó en el aire.

Desde 2019, la isla comenzó a incumplir parcialmente los pagos, y en 2020, usando la pandemia como argumento, el régimen se declaró incapaz de cumplirlos y pidió una moratoria de dos años para unos 200 millones de dólares en atrasos. El Club de París solo concedió un año, con la puerta abierta a futuras renegociaciones.

A mediados de 2021, los plazos volvieron a extenderse. Pero nada ha mejorado. La economía cubana arrastra una contracción acumulada del 15 % en los últimos cinco años, con una escasez crónica de divisas, una liquidez inexistente y un sistema financiero que asfixia tanto a empresas como a ciudadanos, cada vez con más trabas para acceder a su propio dinero.

Mientras el régimen pide paciencia en salones europeos, el pueblo cubano sigue pagando la factura, atrapado en una economía quebrada, sin crédito, sin confianza internacional y sin señales reales de cambio. El castrismo vuelve a hacer lo único que sabe: deber, incumplir y pedir tiempo.

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