Miguel Díaz-Canel volvió a hablar y las redes sociales volvieron a arder. Esta vez, el gobernante pidió a los militantes del Partido Comunista de Cuba ponerse “a la vanguardia en la solución de los problemas” del país. El mensaje, publicado el 22 de enero, provocó una avalancha de críticas que dejaron al descubierto la fractura total entre el discurso oficial y la realidad que vive la gente.
En cuestión de horas, cientos de cubanos reaccionaron con comentarios directos, molestos y, en muchos casos, cargados de ironía. Para muchos, el planteamiento presidencial sonó a burla. “Los problemas de Cuba son ustedes; con solo abandonar el poder se resuelve todo”, escribió un usuario, resumiendo el sentir generalizado.
Otros fueron todavía más claros. Democracia y comida, dijeron algunos, señalando lo básico que el régimen no ha podido —o querido— garantizar tras más de seis décadas de control absoluto. La falta de autocrítica volvió a ser uno de los reclamos más repetidos, junto al cansancio por ver cómo el mismo modelo se recicla una y otra vez, aunque el país siga hundiéndose.
No faltaron las burlas. Varios internautas se rieron del eterno llamado a reuniones, consignas y “orientaciones”. “Cómo gastan tiempo y recursos en la muela vieja esa”, escribió uno. Otro fue más ácido: “¿Retoman? Si nunca han dejado de reunirse para mentirse unos a otros”.
El hartazgo también se coló en forma de grito. Apagones interminables, escasez, salarios que no alcanzan y ninguna libertad real. “Lo que deberían hacer es irse todos ya. Dejen a Cuba ser”, soltó un usuario sin rodeos. Otro recordó lo evidente: solucionar el hambre, la vivienda y la salud no puede venir de quienes provocaron el desastre.
Entre los mensajes apareció incluso el aviso político. Algunos hablaron del desgaste del poder y del tiempo que se agota. “Tu tiempo es limitado”, escribió un internauta, reflejando una sensación cada vez más extendida de que el control del régimen ya no es incuestionable.
Las reacciones dejaron claro algo incómodo para el oficialismo. Aunque el Gobierno insiste en presentar al Partido Comunista como el eje de la “conducción del país”, para muchos cubanos el PCC es el corazón mismo del problema, no la solución.
Las palabras de Díaz-Canel no llegaron solas. En días recientes, durante plenos extraordinarios del Partido en varias provincias, el mandatario ha repetido que hay que “cambiar desde el Partido” y que la militancia debe sentirse responsable de todo lo que funciona mal. Un reconocimiento tardío que suena vacío cuando la crítica abierta sigue siendo castigada y reprimida.
En encuentros posteriores habló de falta de unidad, de debates internos y de producir más dentro del país. Reconoció fallas graves en la agricultura y la industria alimentaria, pero sin ofrecer soluciones reales ni asumir responsabilidades concretas. Para una población golpeada por la inflación, el desabastecimiento y el éxodo masivo, esas palabras ya no alcanzan.
Cuba vive una de las peores crisis económicas de su historia reciente. En ese contexto, pedirle a la militancia comunista que lidere la salida del colapso suena a chiste de mal gusto. Para buena parte del país, las causas del desastre tienen nombre, apellido y estructura, y son exactamente las que Díaz-Canel sigue defendiendo.










