El descontento social explota en Santiago de Cuba: Vandalizan carteles con imágenes de Díaz-Canel y Raúl Castro y llenan calles con pintadas contra el régimen

Redacción

El mensaje fue directo y sin maquillaje. Vallas con los rostros de Fidel Castro, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel amanecieron vandalizadas en varias localidades del oriente cubano, con consignas que no dejan lugar a dudas: “Abajo la dictadura”, “No al PCC” y el contundente “Le toca a Canel”.

Las acciones se reportaron en puntos simbólicos como Birán, Alto Cedro y Santiago de Cuba, territorios históricamente utilizados por el régimen como vitrinas propagandísticas del poder revolucionario. Esta vez, sin embargo, los carteles oficiales terminaron convertidos en lienzos de protesta.

Las imágenes comenzaron a circular con fuerza en redes sociales y fueron compartidas por el líder opositor José Daniel Ferrer, quien aseguró que los grafitis forman parte de la campaña “Pinta tu grafiti, mancha una valla comunista”, impulsada por miembros de la UNPACU.

Desde el exilio, Ferrer lanzó un llamado directo, sin medias tintas. Invitó a los cubanos que anhelan libertad a sumarse a estas acciones, recordando que el silencio también tiene precio. “Si no luchas, no te quejes de la miseria y los apagones”, escribió, conectando la protesta política con el desastre cotidiano que vive el país.

Más allá de la pintura sobre las vallas, el mensaje es claro. En el oriente cubano crece el descontento popular, y los símbolos del régimen ya no inspiran obediencia, sino rabia acumulada. Para muchos, esos rostros representan décadas de represión, pobreza estructural y censura sistemática.

En una región golpeada por los apagones interminables, la escasez y el abandono estatal, estas acciones reflejan algo más profundo que un acto de vandalismo. Son señales de hartazgo, de pérdida del miedo y de una narrativa oficial que ya no convence ni en sus propios bastiones históricos.

Mientras el régimen insiste en vender estabilidad y control, las paredes hablan otro idioma. Y cada valla manchada deja claro que, incluso en Oriente, el relato del poder se está resquebrajando.

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