Marrero vuelve a decir que Cuba sobrevive con una «economía de guerra» y comienza a pedir «cambios de mentalidad» para salir del hueco

Redacción

El primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, no se anduvo con rodeos durante una reunión extraordinaria del Consejo Provincial de Gobierno en Ciego de Ávila: reconoció que el país está viviendo “prácticamente una economía de guerra”.

Sus palabras no son metáfora bonita para titular noticias; reflejan la crudeza de la crisis que golpea a la población: escasez de recursos, inflación descontrolada y una producción nacional en caída libre. Según Marrero, los municipios deben dejar de ser “eslabones pasivos” y transformarse en protagonistas de su propio desarrollo, un llamado que suena más a promesa vacía que a soluciones reales.

El primer ministro insistió en que las comunidades son el “terreno de batalla” donde la gente siente el golpe diario de la crisis, y donde deberían concentrarse los esfuerzos productivos. “Lo más seguro en materia de sustentabilidad es lo que cada municipio pueda aportar desde lo endógeno, con esfuerzo colectivo”, aseguró, sin explicar de dónde van a sacar los recursos que hoy no existen.

Marrero pidió un “cambio de mentalidad radical” y acciones concretas para enfrentar la escasez, pero como siempre, la culpa recae en el bloqueo estadounidense y la “hostilidad” de Washington. Mientras tanto, los cubanos siguen pagando las consecuencias de décadas de mala gestión, obsolescencia tecnológica y políticas que han paralizado la producción nacional.

El mandatario instó a los militantes comunistas a fortalecer la autonomía municipal y aprovechar al máximo las potencialidades locales, citando a Ciego de Ávila como ejemplo, con unas 35 000 hectáreas de cultivos diversos. Sin embargo, no ofreció recursos, incentivos ni herramientas concretas, dejando a los municipios y productores en la misma trinchera que la población: solos frente al hambre y la crisis.

Marrero concluyó que 2026 será un año de definiciones y cambios, un mensaje que más parece un recordatorio de la desesperanza que viven los cubanos, obligados a sobrevivir en una economía que funciona a duras penas y donde la única estrategia clara del régimen es culpar al enemigo externo mientras la gente paga la factura.

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