Buque de combustible que partió de África con destino a Cuba cambia misteriosamente de rumbo y ahora se dirige a República Dominicana

Redacción

El buque petroquímico Mia Grace, que zarpó el 19 de enero desde Lomé (Togo) con una cargazón de combustible rumbo a La Habana, dio un giro inesperado en medio del Atlántico y ahora no va hacia Cuba, sino a República Dominicana, según datos de rastreo satelital.

Originalmente ese barco era una señal —aunque tenue— de que La Habana busca combustible en mercados fuera de Venezuela, tras quedarse prácticamente sin suministro regular del país sudamericano. El Mia Grace, que navega bajo bandera de Islas Marshall, estaba previsto para llegar a Cuba en febrero cargado con centenares de miles de barriles de diésel o fueloil —aunque no está claro cuál de los dos—, pero ahora su destino figura como el puerto de río Haina, muy cerca de Santo Domingo, donde atracará el 2 de febrero.

Ese puerto dominicano, conocido también como muelle de Haina, es un centro logístico importante para toda clase de cargas —líquidos, graneles, contenedores, químicos— y está cerca de la Refinería Dominicana de Petróleo, que maneja combustibles en la región.

Durante los últimos años, barcos cubanos han estado cargando gas licuado de petróleo en República Dominicana o Jamaica, aunque el régimen casi nunca publica datos oficiales sobre esas compras ni sobre el tipo exacto de combustible que entra al país.

Este cambio de rumbo ocurre en medio de un contexto donde la alimentación energética de Cuba está al borde del colapso. El abastecimiento regular desde Venezuela lleva más de un mes caído y los pocos cargamentos procedentes de Rusia y México se han agotado, lo que obliga a La Habana a buscar combustible “al contado” en mercados no tradicionales.

Expertos en energía sugieren que el Mia Grace podría estar transportando unos 314.500 barriles de diésel o alrededor de 280.500 de fueloil para la estatal Cubametales —una empresa bajo control del conglomerado militar GAESA— con ayuda de un intermediario europeo.

La situación no es menor: Cuba importa la mayor parte del combustible que consume, y con la caída de proveedores clave como Venezuela y la disminución de envíos desde México, el régimen siente la presión más que nunca. Las importaciones de combustible han caído drásticamente en años recientes, lo que ha exacerbado los apagones y la crisis energética que vive el país.

Ahora, que un buque que parecía destinado a aliviar parcialmente ese déficit cambie de rumbo y vaya a otro país es otro ejemplo más de la fragilidad de la estrategia de La Habana para mantener encendida la luz, cuando no hay un plan sólido ni aliados confiables que garanticen el suministro de energía en medio de la compleja situación regional.

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