El congresista republicano por Florida, Carlos A. Giménez, volvió a subir el tono contra el régimen cubano y esta vez lo hizo sin rodeos. Desde Washington dejó claro que respalda un embargo petrolero total contra la Isla como vía directa para golpear la capacidad represiva del poder en La Habana.
En un mensaje publicado en X, Giménez fue frontal, sin el lenguaje tibio que tanto gusta en la diplomacia. Dijo que desde el Congreso apoya toda medida que corte el flujo de dinero y recursos a la dictadura, a la que calificó sin matices como “asesina”. Para él, el petróleo no es un detalle técnico: es la gasolina literal del aparato represivo.
Según el legislador, un embargo energético impediría al régimen moverse, reprimir y sostener su maquinaria de control. Y no se quedó ahí. Defendió también el cierre total de viajes y envíos a Cuba, dejando solo una rendija abierta para casos estrictamente humanitarios. Nada de ambigüedades.
Sus declaraciones llegan en un momento clave. Dentro del gobierno estadounidense se discuten nuevas fórmulas para aumentar la presión sobre La Habana, y el tema energético está en el centro del debate. El portal Político reveló recientemente que la administración de Donald Trump evalúa internamente bloquear todas las importaciones de petróleo hacia Cuba, una medida que marcaría una escalada clara frente a sanciones anteriores.
Aunque la propuesta aún no está aprobada, forma parte de un paquete de opciones que podría llegar al escritorio del presidente. Fuentes citadas por Político aseguran que la iniciativa es impulsada por sectores duros dentro de la administración y contaría con el respaldo del secretario de Estado, Marco Rubio. Para ese grupo, la energía es el verdadero punto débil del sistema cubano, el “estrangulamiento” que podría provocar un colapso del régimen incluso en 2026.
Pero no todos en Washington piensan igual. Dentro del propio gobierno hay voces que advierten sobre el impacto humanitario de un bloqueo petrolero total. Cuba importa alrededor del 60 % del crudo que consume y el sistema eléctrico ya está al borde del colapso. Los apagones interminables no son una amenaza futura, son el pan de cada día.
La Isla dependió durante años de Venezuela, pero ese grifo se ha ido cerrando. Tras incautaciones de cargamentos sancionados en la etapa anterior de Trump, México pasó a ocupar el rol de principal proveedor. Eso sí, cobrando el petróleo y sin capacidad real para sostener la demanda cubana. Aun así, buques mexicanos han seguido llegando a puertos de la Isla, mientras el gobierno de Claudia Sheinbaum insiste en vender esos envíos como “ayuda humanitaria”.
La contradicción es evidente. Trump promete cortar el oxígeno económico al régimen, pero hasta ahora Estados Unidos no ha bloqueado esos envíos, como reconoció CBS News. Mucho discurso, poca acción concreta.
En ese escenario, la postura de Giménez destaca por su dureza. Para él, el embargo petrolero no es solo una sanción económica, sino un instrumento político para desarmar al régimen por donde más le duele. Mientras en Washington se debate entre cálculos humanitarios y estrategias de presión, el tema energético ya se consolidó como uno de los ejes centrales de la política estadounidense hacia Cuba en 2026.










