En medio de apagones infernales de hasta 40 horas continúas, el régimen promete «soberanía energética» y más producción de petróleo nacional

Redacción

La estatal Cuba-Petróleo (Cupet) volvió a sacar del cajón el discurso de la “soberanía energética” con un programa de perforación de nuevos pozos en el occidente del país. Sin embargo, las propias cifras oficiales desmontan el optimismo: el aumento productivo no alcanza ni de lejos para cubrir la demanda nacional ni para poner fin a los apagones que castigan a millones de cubanos.

Según reconoció el diario oficial Granma, Cupet desarrolla un plan de exploración y perforación en la franja norte occidental, concentrado en zonas como Varadero Oeste y Fraile, entre La Habana y Matanzas. El objetivo declarado es reducir la dependencia del combustible importado, aunque en la práctica el país sigue atado a proveedores externos y a un sistema eléctrico colapsado.

Osvaldo López Corso, jefe del Grupo de Exploración y Yacimiento de la empresa estatal, explicó en el Noticiero Nacional que estas áreas fueron seleccionadas por su menor riesgo geológico y por contar con estudios sísmicos previos. Cupet también apuesta por la perforación horizontal desde tierra firme hacia yacimientos bajo el mar, una solución que el régimen presenta como alternativa ante las limitaciones tecnológicas y logísticas que vuelve a atribuir al embargo.

Lo que no ocultan es que la mayoría de los pozos en explotación tienen más de una década de uso, y muchos superan los 20 años. Ese envejecimiento provoca un declive natural de la producción que el ritmo actual de perforación no logra compensar. Con apenas dos a cuatro yacimientos nuevos al año, la matemática no da.

Incluso desde el discurso oficial se admite que, en el mejor de los casos, un incremento sostenido permitiría sumar entre 500 y 600 toneladas diarias de petróleo, un aporte que califican de “significativo”, pero sin explicar cuándo ni cómo eso se traduciría en menos apagones o en una mejora real del Sistema Electroenergético Nacional.

El crudo y el gas que se producen en Cuba van casi íntegramente a las plantas de Energás y a las termoeléctricas, aportando algo más de la mitad de la generación eléctrica. Aun así, no alcanza, y el país se ve obligado a importar combustible para evitar un colapso mayor del sistema.

Datos oficiales de finales de 2025 indican que Cupet logró frenar parcialmente el desplome productivo tras trece años consecutivos de caída. En 2025 se estimaron 2,2 millones de toneladas de crudo, apenas unas 80 mil toneladas por encima del plan. En gas natural, se alcanzaron 1.130 millones de metros cúbicos, una cifra que no se veía desde hacía casi una década.

Pero ni siquiera ese repunte cambia el panorama. Las autoridades reconocen que esos volúmenes cubren apenas un tercio de la demanda nacional y que, para hablar en serio de independencia energética, Cuba tendría que casi triplicar su producción, algo hoy fuera de alcance.

Mientras el régimen habla de avances, los déficits de generación siguen rondando entre el 52 y el 60 %, con apagones prolongados, falta de combustible y una infraestructura obsoleta que no resiste más parches.

A todo esto se suma el factor externo que La Habana evita mencionar con claridad. La caída de los envíos desde Venezuela, su principal sostén histórico, y las recientes presiones de Estados Unidos han reducido de forma drástica el flujo de barriles hacia la isla. Rusia y México apenas logran cubrir una parte mínima del hueco, y el resto lo paga la población en oscuridad.

Economistas y expertos coinciden en que el déficit es estructural y no se resuelve con discursos ni con perforaciones simbólicas. El economista cubano Miguel Alejandro Hayes ha advertido que una reducción del suministro de combustible cercana al 30 %, un escenario totalmente plausible hoy, podría provocar un desplome del PIB de casi 27 %, una caída del consumo de los hogares del 30 % y un alza de precios de hasta 60 % en alimentos e insumos básicos.

Habilitar notificaciones OK Más adelante