Médicos cubanos que habían regresado desde Venezuela tras la operación quirúrgica ordenada por el gobierno de Estados Unidos ahora están varados en aeropuertos y terminales dentro de Cuba porque el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) no ha garantizado transporte para llevarlos de regreso a sus hogares o provincias.
La situación ha generado frustración y críticas entre los propios cooperantes. Uno de ellos resumió con indignación lo que muchos sienten: “¿Dónde están los millones de dólares que cada año pagan por nuestros servicios médicos, para que ahora nos digan que por culpa del bloqueo no hay combustible para llevarnos a nuestras provincias?” El contrapunto es brutal: mientras los médicos son literalmente abandonados, el régimen sí tuvo recursos, logística y combustible para montar un funeral de Estado a los mercenarios abatidos en Venezuela, con traslados especiales, hospedaje en hoteles de La Habana y transporte para familiares.
Este contraste pone al descubierto una de las contradicciones más duras del sistema: explotar a sus profesionales en misiones forzadas en el extranjero y luego dejarlos a la deriva en su propio país.
Los anuncios oficiales del regreso de personal médico han sido minimizados por el MINSAP, que intenta presentar la vuelta como algo “programado” y normal, sin explicar por qué no se ha podido garantizar ni siquiera lo básico: transporte terrestre y combustible para que los cooperantes vuelvan a sus provincias tras cumplir sus misiones en Venezuela.
Esta problemática llega en un contexto donde la exportación de profesionales de la salud ha sido duramente criticada internacionalmente. Por años, el régimen ha enviado médicos a misiones en países como Venezuela dentro de convenios como la Misión Barrio Adentro, donde Cuba intercambia médicos por petróleo venezolano y otros beneficios estratégicos.
Para muchos de estos médicos, esta experiencia representa un modelo de explotación laboral y política de Estado, en el que sus servicios son vendidos como moneda de cambio, mientras ellos mismos carecen de derechos básicos, movilidad garantizada o un trato digno al regresar a su propia tierra.
El drama de estos profesionales, atrapados entre terminales y aeropuertos sin saber cuándo podrán llegar a casa, refuerza una realidad que muchos cubanos conocen de primera mano: en lugar de proteger a su pueblo, el régimen cubano administra recursos según prioridades políticas, no humanas.
Mientras los cooperantes siguen varados y la gente común enfrenta apagones, escasez y crisis de servicios, queda claro que no hay prioridad real por quien verdaderamente sostiene la salud pública del país.










