El gobierno de México comenzó a revisar silenciosamente su política de envío de petróleo y combustibles a Cuba, en medio del temor creciente a represalias directas de la administración de Donald Trump. La información, revelada por Reuters, confirma lo que muchos sospechaban: seguir sosteniendo al régimen cubano tiene un costo político cada vez más alto.
De acuerdo con varias fuentes cercanas a las discusiones internas, esta revisión ocurre justo cuando los cargamentos mexicanos se han convertido en el principal salvavidas del castrismo, tras el colapso de los suministros venezolanos provocado por la crisis en Caracas y las recientes acciones de Estados Unidos contra el chavismo.
Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido públicamente en que México mantendrá los envíos —escudándose en contratos a largo plazo y en el argumento de la “ayuda internacional”—, dentro de su propio gabinete crece la inquietud. La pregunta ya no es ideológica, sino práctica: ¿vale la pena irritar a Washington para seguir apuntalando a un régimen en ruinas?
Según Reuters, sobre la mesa hay varias posibilidades, desde cortar totalmente el suministro hasta reducirlo o mantenerlo intacto. Lo que cambió el ambiente fue el endurecimiento del discurso desde la Casa Blanca. Trump no ha disimulado su intención y lanzó un mensaje directo el pasado 11 de enero en Truth Social: “¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba! ¡Cero!”. Sin matices. Sin diplomacia.
El contexto no ayuda a La Habana. En diciembre, el bloqueo de buques petroleros venezolanos y los acontecimientos posteriores en Venezuela dejaron a Cuba colgada del cable mexicano, justo cuando la isla atraviesa apagones masivos, parálisis productiva y una crisis energética sin precedentes. México pasó de socio solidario a proveedor imprescindible, y eso ahora pesa.
La revisión también coincide con un momento delicado para el gobierno de Sheinbaum, que intenta renegociar el T-MEC mientras busca convencer a Washington de que está actuando contra los cárteles. Todo esto ocurre bajo una retórica cada vez más agresiva de Trump, quien ha insinuado posibles acciones unilaterales en la región, algo que la presidenta mexicana ha rechazado públicamente como una violación de la soberanía.
Dos de las fuentes citadas por Reuters revelaron incluso que Trump abordó directamente el tema en una llamada reciente con Sheinbaum. En la conversación, cuestionó tanto los envíos de crudo a Cuba como la presencia de miles de médicos cubanos en México. La mandataria respondió con el libreto conocido: petróleo como “ayuda humanitaria” y contratos médicos ajustados a la ley. Trump, según esas fuentes, no exigió explícitamente suspender los envíos, pero el mensaje quedó flotando en el aire.
Desde la Presidencia mexicana, la reacción oficial fue predecible. México, dijeron, “siempre ha sido solidario con el pueblo de Cuba” y defiende esas decisiones como actos soberanos. El problema es que esa solidaridad termina apuntalando a una élite en el poder, no a los cubanos de a pie que siguen cocinando con leña y sobreviviendo a oscuras.
Mientras tanto, el régimen cubano, fiel a su costumbre, guardó silencio absoluto ante la solicitud de comentarios de Reuters.
El reporte añade un elemento inquietante: dentro del gobierno mexicano hay preocupación por una mayor presencia de drones de la Marina estadounidense sobre el Golfo de México. Medios locales han documentado vuelos de drones MQ-4C Triton siguiendo rutas similares a las de los buques cisterna que transportan combustible mexicano hacia Cuba, un detalle que no pasa desapercibido.
Cuba depende casi por completo de las importaciones de combustible para sostener su sistema eléctrico, el transporte y la aviación. Según datos de Pemex citados por Reuters, México envió a la isla el año pasado más de 17.000 barriles diarios de crudo y productos refinados, por un valor cercano a los 400 millones de dólares. Dinero y energía que no llegaron al pueblo, sino a mantener a flote un sistema fallido.
Dentro del propio gobierno de Sheinbaum hay quienes temen que cortar el petróleo empuje a Cuba a un colapso total con consecuencias migratorias para México. Otros, sin embargo, entienden que seguir sosteniendo al castrismo es prolongar la agonía y cargar con una factura política innecesaria.
Por ahora, no hay decisión final. Lo único claro es que el apoyo energético de México al régimen cubano ya no es intocable, y que la presión de Washington ha puesto al castrismo frente a otra verdad incómoda: cada vez tiene menos amigos dispuestos a pagar la cuenta de su desastre.










