La cantante cubana Mirtha Medina recibió como un golpe seco la noticia de la muerte del músico Alfredo Rodríguez, su compañero artístico durante algunos de los años más brillantes de la balada cubana entre las décadas de los 70, 80 y principios de los 90. No lo esperaba. Nadie se prepara para despedidas así.
En declaraciones a Martí Noticias, Mirtha habló con la voz quebrada y sin disfraces. Dijo que no sabía siquiera que Alfredo estaba enfermo. La noticia la dejó en shock. Devastada. Palabras simples para un dolor grande.
Más allá del escenario, recordó a Rodríguez como alguien cercano, entrañable, de esos colegas que terminan siendo familia. Un músico talentoso, sí, pero también un compañero leal, respetuoso, siempre a la altura. “Nunca he tenido otra opinión de él”, confesó, y en esa frase cabe toda una vida de trabajo compartido.
Juntos formaron una de las duplas más queridas de la música romántica cubana. Su relación profesional, según Mirtha, fue siempre impecable, marcada por el respeto mutuo y la complicidad artística. Cantaron en Cuba y fuera de la isla, incluso en Miami, donde revivieron aquel repertorio que hizo suspirar a generaciones enteras.
Al recordar esas presentaciones, a Mirtha se le iluminó la memoria. Habló de canciones que marcaron época, de éxitos que el público todavía tararea. Mencionó con especial emoción Siempre es igual, un tema que —dijo— decir su nombre en Cuba ya era “algo muy grande”. Y lo era.
También evocó Es que tengo otro amor, compuesto por Vicente Rojas, otro de esos temas que sonaron hasta el cansancio y que el público hizo suyos. “El trabajo siempre fue de los dos, impecable”, subrayó, sin nostalgia impostada, con orgullo real.
Ese orgullo sigue ahí, intacto, incluso en medio del dolor. Mirtha no ocultó lo difícil que le resulta asimilar la pérdida. Dijo que aún no lo cree, que la tristeza pesa, que la ausencia se siente demasiado rápido.
En un momento más íntimo, habló de la fe que compartían. Recordó a Alfredo como un hombre religioso, creyente, y dijo estar convencida de que ahora está en el cielo. “Amén por él”, cerró, como quien se aferra a algo firme cuando todo lo demás duele.
La muerte de Alfredo Rodríguez provocó una oleada de mensajes de duelo entre músicos, seguidores y figuras de la cultura cubana. No solo se fue una voz respetada de la balada, se fue un artista íntegro, de los que dejan huella sin escándalos.
Su legado quedó marcado, para siempre, por aquella complicidad con Mirtha Medina. Una dupla que no solo definió una época, sino que ayudó a construir la banda sonora sentimental de un país entero. Y eso, en Cuba, no es poca cosa.










