Régimen cubano se acuertela y guarda silencio sepulcrar sobre posible bloqueo naval total contra la isla para evitar la llegada de petróleo

Redacción

Han salido al menos tres exclusivas internacionales de alto voltaje sobre movimientos de Estados Unidos y México relacionados con Cuba, y la respuesta del Partido Comunista ha sido una sola: silencio total. Ni una declaración, ni una nota oficial, ni siquiera el clásico discurso inflamado de soberanía herida. Nada.

El pasado 21 de enero de 2026, The Wall Street Journal soltó una bomba política al revelar presuntos planes de la administración Trump para buscar un infiltrado dentro del PCC y provocar el colapso del régimen antes de que termine el año. El reporte reconoce que Cuba no es Venezuela, que aquí hay partido único, control militar y una familia histórica atrincherada en el poder, pero aun así Washington estaría explorando escenarios similares al caso de Delcy Rodríguez.

Desde entonces, La Habana ha optado por mirar para el techo. Ni Miguel Díaz-Canel, ni Manuel Marrero, ni Bruno Rodríguez, ni el MINREX han salido a decir absolutamente nada. Un mutismo que chirría, sobre todo viniendo de un aparato político que suele reaccionar con rapidez cuando huele amenaza externa, real o inventada.

Dos días después, el 23 de enero, POLITICO publicó otra exclusiva: la administración Trump estaría evaluando un bloqueo naval para frenar todo el petróleo que entra a Cuba. Casi en paralelo, Reuters confirmó que el gobierno de México revisa si continúa enviando buques con combustible a La Habana, temeroso de “irritar” a Trump. Traducido al cubano claro: el oxígeno energético del régimen está en revisión.

Y otra vez, silencio. Ni el PCC, ni el “condenador enérgico” oficial de turno, ni los voceros habituales del desastre han dicho una palabra. Ni una línea en Granma. Ni una consigna reciclada en Cubadebate. Ni un editorial sobre autodeterminación y dignidad nacional. Nada.

La pregunta ya no es si el Partido Comunista está informado. La pregunta es si existe una orden expresa de callar. ¿Decidieron que el silencio es menos peligroso que admitir que el cerco se estrecha? ¿Esperan que el tema se enfríe solo mientras el país sigue a oscuras?

También queda la duda de si en algún momento el tema aparecerá, maquillado y rebajado, en el Noticiero Estelar, o si simplemente apostarán a que el cubano de a pie no conecte los apagones con la geopolítica que se mueve por encima de su cabeza.

Lo que sí resulta evidente es que el silencio del PCC no es casual. Es un silencio incómodo, defensivo, casi temeroso. Cuando un régimen que vive de la retórica antiimperialista deja de hablar, es porque algo serio se está moviendo fuera de su control. Y esta vez, a diferencia de otras, el mutismo dice más que mil discursos.

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