Tribunal Supremo Popular ratifica setencia de cadena perpetua contra el exministro de Economía Alejandro Gil por los cargos de espionaje

Redacción

El Tribunal Supremo Popular de Cuba selló el viernes el destino del exministro de Economía y exviceprimer ministro Alejandro Gil: cadena perpetua por espionaje, tras rechazar las dos apelaciones presentadas por su defensa.

Con esta decisión, se mantienen intactas también las penas por corrupción: 20 años adicionales por malversación, cohecho, evasión fiscal y lavado de activos. La Corte dejó claro que no habrá vuelta atrás: los recursos fueron desestimados, y la vía judicial ordinaria se cerró para Gil.

En su comunicado oficial, el Supremo acusó a Gil de “engañar a la dirección del país y al pueblo que representaba, generando daños a la economía” y de “incumplir procesos de trabajo con información oficial clasificada, sustraerla, dañarla y ponerla a disposición de los servicios del enemigo”.

Los jueces calificaron sus actos como “comportamientos altamente lesivos” y recalcó que la traición a la patria es el crimen más grave, sujeto a la sanción más severa posible. Ni una palabra sobre las otras personas juzgadas en el mismo proceso ni detalles sobre su situación.

La caída de Gil ha sido fulminante. Cesado en febrero de 2024, fue detenido un mes después tras detectar lo que el Gobierno calificó de “errores graves”. En noviembre, la Fiscalía sumó el cargo de espionaje a la lista de acusaciones por 11 delitos, elevando el caso a un nivel político y penal mucho más severo.

El juicio se realizó a puerta cerrada y, el 8 de diciembre, el TSP anunció las sentencias: cadena perpetua por espionaje y 20 años más por corrupción, además de sanciones accesorias. Ni la prensa ni la ciudadanía tuvieron acceso al proceso, reforzando la opacidad que caracteriza estos casos en Cuba.

Hasta su caída, Gil era un hombre clave en el círculo de confianza de Miguel Díaz-Canel y miembro del Buró Político del Partido Comunista. Fue el responsable de implementar la polémica “Tarea Ordenamiento”, la reforma que buscaba eliminar la doble moneda y terminó desplomando el valor del peso cubano, acelerando la dolarización y sumiendo a gran parte de la población en la pobreza.

Hoy, Alejandro Gil pasa de ser un arquitecto económico del régimen a un traidor oficial. Su caso cierra uno de los episodios más delicados para el poder cubano reciente: la caída estrepitosa de un hombre que alguna vez fue presentado como imprescindible para la economía del país y que ahora queda marcado por la historia oficial como espía y enemigo del Estado.

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