Familias cubanas están denunciando una nueva oleada de citaciones al servicio militar obligatorio, incluso a jóvenes que ya cumplieron con esa imposición años atrás. La maniobra llega acompañada de amenazas de cárcel, presión psicológica y un discurso alarmista que vuelve a poner a los muchachos como carne de cañón de un sistema en crisis.
Uno de los casos más estremecedores fue difundido por el periodista Mario J. Pentón. Una madre relató que sus hijos gemelos, de 22 años, fueron citados nuevamente pese a haber cumplido el servicio militar hace cuatro años. Una citación que no es voluntaria ni excepcional, sino parte de un patrón que se repite.
Según el testimonio, la orden responde a una supuesta “reevaluación” ante una presunta amenaza de invasión de Estados Unidos, dentro del clima de alarma creado por el propio régimen al hablar de un supuesto “Estado de Guerra” en la Isla. Miedo fabricado para justificar el abuso, como tantas veces antes.
“Al que no firme lo llevan preso”, aseguró la hermana de los jóvenes. La frase resume el método: coacción directa, advertencias penales y cero margen para decidir. No se trata de defender a la patria, sino de obligar, intimidar y someter.
El impacto emocional en estas familias es profundo. Muchos de los citados son estudiantes o trabajadores que intentan sobrevivir en medio del colapso económico. A eso se suma el historial trágico del servicio militar en Cuba, donde decenas de reclutas adolescentes han muerto en los últimos años por negligencia, abusos y condiciones infrahumanas.
El pasado sábado, el Consejo de Defensa Nacional aprobó los llamados “planes y medidas del paso al Estado de Guerra”, amparados en la vieja “concepción estratégica de la Guerra de todo el Pueblo”. Sin embargo, el anuncio llegó cargado de consignas y vacío de explicaciones concretas.
El comunicado oficial no aclaró qué medidas reales se aplicarán, qué nivel de movilización se espera ni hasta dónde piensa llegar el Estado con esta escalada de presión sobre la población civil. Opacidad total, como es norma en el castrismo.
La denuncia de esta madre ha provocado una ola de indignación en redes sociales, donde desde hace años la sociedad civil exige el cierre definitivo del Servicio Militar Obligatorio. No por capricho, sino porque se ha convertido en una herramienta de control, castigo y miedo, no de defensa.
En una Cuba donde el régimen es incapaz de garantizar comida, electricidad o futuro, vuelve a recurrir a lo único que siempre ha sabido administrar bien: el terror institucionalizado. Jóvenes empujados al cuartel, familias angustiadas y un poder que, acorralado, prefiere reclutar a reprimir antes que escuchar.










