En medio de apagones interminables que ya superan las 30 horas seguidas y un colapso energético que no da tregua, la activista cubana Lara Crofs, nombre público de Yamilka Lafita, puso en palabras lo que millones sienten y pocos se atreven a decir sin rodeos: lo que vive hoy Cuba no es una crisis, es una forma de tortura psicológica.
Su mensaje, publicado en redes sociales a las cinco de la madrugada bajo el título “Catarsis del agotamiento”, no fue una descarga emocional cualquiera. Fue una radiografía cruda del método. Desgastar hasta quebrar, confundir hasta paralizar, cansar hasta que protestar parezca imposible.
“Te dan un alumbrón dos horas después de doce horas de apagón, no para aliviar, sino para recordarte quién manda”, escribió. Una frase simple, pero demoledora. No es alivio, es control.
Crofs no habla desde la teoría. Describe la rutina asfixiante de miles de hogares donde la electricidad va y viene como castigo calculado, y donde la falta de agua se suma como una capa más de abuso. Más de diez días sin agua, denunció, y lo dijo claro: eso ya no es incompetencia, eso es humillación institucionalizada.
“Te obligan a elegir entre cocinar o asearte, entre limpiar o beber”, escribió. Elegir entre lo básico como si fuera un lujo.
La activista fue más allá del apagón físico y apuntó al daño invisible. La ansiedad constante, el insomnio, el deterioro mental, la angustia de ver cómo se echan a perder los pocos alimentos mientras decides si comerlos hoy o enfermarte mañana. Eso también es violencia, aunque no deje moretones.
“La falta de electricidad no es solo oscuridad. Es ansiedad. Es desgaste. Es debilitamiento mental”, afirmó. Y remató con una idea que muchos sienten en la piel: en Cuba se gobierna por agotamiento.
Según Crofs, los regímenes totalitarios no necesitan tanques en la calle todos los días. Les basta con administrar el sufrimiento. Apagan la luz, cierran el grifo y esperan. Convierten la electricidad, el agua y la comida en armas silenciosas. No disparan, pero destruyen.
El texto cierra sin romanticismo, pero con dignidad. “Esto no es vivir, esto es resistir en condiciones diseñadas para destruirte”, escribió. Y aun así, dejó claro que el objetivo no se ha cumplido del todo. Siguen cansados, golpeados, pero conscientes. Y eso, como ella misma dice, es lo que más miedo le da al poder.
La reflexión circula en uno de los momentos más tensos que vive el país en años. Apagones eternos, agua ausente y un Estado que no explica ni resuelve. Lo que Lara Crofs puso en palabras no es una opinión aislada. Es el grito de una Cuba exhausta que ya entendió que el desastre no es accidental. Es política. Y es deliberado.










