Si Washington aprieta de verdad, Rusia no está en condiciones de salvar a Cuba como en los tiempos soviéticos

Redacción

La televisión estatal rusa puso palabras a una verdad que en Cuba se vive a oscuras, con calor y sin comida. Si Washington aprieta de verdad, Rusia no está en condiciones de salvar a la Isla como en los tiempos soviéticos. No hay épica, no hay barcos milagrosos y, sobre todo, no hay recursos.

La confesión salió sin rodeos en el programa International Review de Rossiya 24, transmitido el 9 de enero de 2026. Allí, el historiador Viktor Kheifets, director del Centro de Estudios Iberoamericanos de la Universidad Estatal de San Petersburgo, dijo lo que en La Habana nadie quiere escuchar: el respaldo ruso a Cuba sería, en el mejor de los casos, político y discursivo.

Apoyo con micrófono, no con petróleo

Kheifets reconoció que existe cierta ayuda económica, pero aclaró que no se parece ni remotamente al salvavidas que fue la URSS. Habló de una economía cubana “agotada” y de condiciones “peores que en el último medio siglo”. Traducido al cubano de a pie: apagones interminables, escasez crónica y una crisis que ya no cabe en los discursos.

El momento más crudo llegó cuando planteó un escenario concreto: un bloqueo energético impuesto por Trump. Según Kheifets, Rusia difícilmente rompería una medida así enviando petróleo, porque eso implicaría escolta militar a buques cisterna. Con la guerra en Ucrania drenando recursos, admitió tener “serias dudas” de que Moscú esté preparado para algo así.

“Políticamente, por supuesto, seguiremos apoyando… en la ONU y otras organizaciones”, dijo. Traducción libre: resoluciones, discursos y palmaditas, pero sin músculo económico ni militar que cambie la realidad.

Cuba como blanco “fácil”

En el mismo programa, el politólogo Dmitry Rozental, director del Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de Rusia, fue todavía más directo. Recordó que Estados Unidos intenta cambiar el poder en Cuba desde Eisenhower y sugirió que, tras el precedente venezolano, la Isla podría resultar más fácil.

No habló de invasiones ni marines desembarcando, sino de algo mucho más efectivo: apretar la soga económica, especialmente por la vía energética. Rozental señaló que cerca de un tercio del petróleo que consume Cuba proviene de Venezuela, por lo que cortar o limitar ese flujo tendría un efecto inmediato. En La Habana, eso se mide en horas sin corriente, comida perdida y paciencia agotada.

También vinculó esa estrategia con la agenda del secretario de Estado Marco Rubio, consciente del impacto político que tendría en Florida y en la narrativa del exilio.

Aliado simbólico, no rescatable

Nada de esto es realmente nuevo. El especialista Serguéi Sukhankin, en un análisis para Eurasia Daily Monitor de The Jamestown Foundation, ya había advertido que para el Kremlin, Cuba hoy es más un símbolo que un aliado defendible.

La conclusión es incómoda, pero clara. Si Washington endurece la presión, Moscú tiene poco margen más allá del discurso. La guerra en Ucrania, las limitaciones económicas y la falta de interés real convierten a Cuba en una ficha retórica, no en una prioridad estratégica.

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