Antorchas con petróleo y casas a oscuras: la hipocresía del régimen cubano este 27 de enero

Redacción

Este 28 de enero, mientras miles de hogares cubanos pasan el día entero a oscuras por los apagones, el régimen cubano vuelve a encender su teatro político con la tradicional Marcha de las Antorchas en La Habana. Una puesta en escena cuidadosamente organizada, con estudiantes y trabajadores convocados en masa para desfilar desde la escalinata de la Universidad de La Habana hasta la Fragua Martiana, antorcha en mano… quemando petróleo, el mismo que dicen no tener para mantener el país con electricidad.

La imagen es tan simbólica como insultante. Antorchas encendidas con combustible avanzando por las calles de la capital, mientras barrios enteros pasan 12, 16 o más horas sin corriente. Todo ocurre en un contexto donde el propio Gobierno insiste en que no hay combustible suficiente para sostener las plantas de generación distribuida, principal causa —según su versión— del apagón permanente que castiga a la población.

El régimen, sin embargo, sí logra reunir petróleo cuando se trata de propaganda. Para el desfile, no faltan recursos. No faltan antorchas, no faltan consignas y no faltan cámaras. Lo que falta es electricidad en las casas, agua fría en los refrigeradores y descanso en las madrugadas, algo que millones de cubanos conocen demasiado bien.

La Marcha de las Antorchas, presentada como homenaje a José Martí, se ha convertido con los años en un ritual vacío, controlado y dirigido desde arriba, donde la asistencia no siempre es voluntaria y el mensaje es siempre el mismo: disciplina, sacrificio y silencio. Todo eso, mientras la realidad del país se desmorona sin maquillaje posible.

El contraste no puede ser más brutal. Por un lado, el discurso oficial repite que Cuba está sin combustible, que hay que resistir y comprender. Por otro, el mismo Estado quema petróleo en plena calle para sostener una imagen épica que ya no convence ni a los propios convocados.

En un país donde la gente cocina con leña, pierde alimentos por falta de refrigeración y duerme sin ventilador en pleno apagón, ver antorchas ardiendo es una bofetada directa. No es homenaje, es provocación. No es memoria histórica, es propaganda desconectada de la realidad.

Este 28 de enero, el régimen vuelve a demostrar que sí hay combustible, pero solo para su espectáculo político. Para el pueblo, como siempre, queda la oscuridad, el calor y la orden no escrita de aplaudir mientras todo arde… menos las casas.

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