«Casualmente» el régimen cerró el déficit energético en La Habana temprano en la madrugada el mismo día de la Marcha de las Antorchas

Redacción

“Casualmente”, en la madrugada de este 27 de enero, el régimen cubano logró cerrar el déficit de generación eléctrica en La Habana. Justo hoy. Justo cuando toca la Marcha de las Antorchas. Una coincidencia tan repetida que ya no engaña ni al más disciplinado de los convocados.

El dato no es menor. En las últimas semanas, los apagones en la capital se han extendido durante toda la madrugada, con cortes largos y constantes provocados —según el propio Gobierno— por el alto déficit de generación y la falta de combustible. Pero esta vez ocurrió el milagro energético: La Habana amaneció con luz, como si el sistema eléctrico hubiera recibido una bendición revolucionaria de última hora.

Nada nuevo bajo el sol… o bajo el bombillo. Esta escena se repite cada vez que el régimen convoca actos políticos de masas. Pasa el 1ro de Mayo, pasa el 1ro de Enero, pasa en aniversarios “históricos” y fechas simbólicas. Siempre aparece el combustible, siempre se estabiliza la generación y siempre desaparecen los apagones justo donde hay cámaras, consignas y movilización obligatoria.

Mientras tanto, el resto del país sigue a oscuras. Provincias enteras pasan la noche sin corriente, familias cocinan como pueden y pierden alimentos, hospitales sobreviven a base de parches, y el discurso oficial insiste en que no hay petróleo, no hay diésel, no hay solución inmediata. Para el pueblo, resistencia. Para el acto político, electricidad garantizada.

La manipulación es burda. El régimen demuestra, una vez más, que el problema no es solo la falta de combustible, sino la decisión política de a quién se le da luz y a quién no. Cuando hay que encender antorchas, tarimas y altavoces, el déficit desaparece. Cuando se trata de la vida cotidiana del cubano, vuelve la oscuridad “inevitable”.

Así funciona el sistema: apagón para la gente, corriente para la propaganda. La electricidad no se distribuye según necesidad, sino según conveniencia política. Y La Habana, cuando hay desfile, vuelve a ser la vitrina maquillada de un país que se cae a pedazos fuera del encuadre.

Este 28 de enero no hubo milagro energético. Hubo, como siempre, prioridades claras. El régimen no resolvió la crisis eléctrica; simplemente volvió a demostrar que puede encender la luz cuando le da la gana… y apagarla cuando ya no necesita aplausos.

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