México dio un paso que hasta hace nada se murmuraba en pasillos cerrados y con la voz bajita. Petróleos Mexicanos (Pemex) canceló un cargamento de crudo destinado a Cuba, una señal clara de que la presión política de Estados Unidos ya no es teoría diplomática, sino decisiones concretas que le caen como un martillazo a la frágil situación energética de la Isla.
Según reveló Bloomberg, Pemex sacó de su calendario un embarque previsto para mediados de enero, cuyo arribo a Cuba se esperaba antes de que terminara el mes. El petróleo iba a viajar en el buque Swift Galaxy, pero desapareció del itinerario sin explicaciones públicas ni de la empresa ni de la Secretaría de Energía mexicana. Silencio total. Y cuando hay silencio, casi siempre hay miedo.
La movida llega en el peor momento posible para los cubanos. Desde 2023, México se había convertido en uno de los pocos salvavidas energéticos del régimen, tras el desplome de los envíos venezolanos. Aquellos cargamentos ayudaron a sostener un sistema eléctrico al borde del colapso, en medio de apagones eternos, combustible racionado y una economía que no levanta cabeza. El año pasado, esos envíos rondaron los 20 mil barriles diarios, un parche insuficiente, pero vital.
El frenazo coincide además con un endurecimiento abierto del discurso de Washington. Donald Trump no dejó espacio para interpretaciones y lo dijo a su estilo, sin anestesia, en redes sociales: “No habrá más petróleo ni dinero para Cuba — ¡cero!”. Un mensaje que cayó como plomo en La Habana.
La advertencia llegó apenas una semana después de la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, un golpe político que también terminó de estrangular los ya raquíticos envíos de crudo venezolano hacia la Isla. Sin Caracas y ahora con México dando marcha atrás, el régimen cubano vuelve a quedarse sin padrinos energéticos.
Hasta hace poco, el gobierno mexicano defendía estos envíos como supuesta “ayuda humanitaria”, un término tan estirado que ya no aguanta más. La presidenta Claudia Sheinbaum había asegurado que México mantendría el suministro para aliviar la crisis energética cubana. Pero puertas adentro, la historia era otra. Reuters ya había adelantado que la política estaba bajo revisión, ante el temor de represalias comerciales y políticas por parte de Estados Unidos.
La realidad es simple y brutal. El régimen cubano depende del petróleo ajeno para sostener su control, no para mejorar la vida de la gente. Cuando ese petróleo falta, el discurso se apaga, los apagones se multiplican y la propaganda ya no alcanza para esconder el desastre. México acaba de dar un paso atrás, y Cuba vuelve a pagar el precio de un modelo que no produce ni luz… ni futuro.










