Trump revela que el ejército de EEUU posee el Discombobulator: el arma secreta que se utilizó durante la captura de Nicolás Maduro en Venezuela

Redacción

Donald Trump volvió a soltar una bomba mediática. En una entrevista con The New York Post, el expresidente estadounidense habló —hasta donde le permitieron— de un arma secreta utilizada durante la operación en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro. La llamó “Discombobulator”, un nombre casi de ciencia ficción para una tecnología que, según él, apagó por completo el sistema defensivo del régimen bolivariano.

Aunque aclaró que no podía entrar en detalles, Trump dejó caer lo suficiente como para encender las alarmas. Aseguró que el arma inutilizó los radares, las comunicaciones y los sistemas de lanzamiento de misiles. “Tenían armas rusas y chinas, pero presionaban los botones y no funcionaba nada”, dijo, dejando claro que el sofisticado equipamiento militar venezolano quedó reducido a chatarra electrónica en cuestión de minutos.

Más tarde confirmó que se trataba de un arma sónica única, algo que —según sus propias palabras— nadie más en el mundo posee. Trump, fiel a su estilo, remató con una frase grandilocuente: Estados Unidos tiene “armas increíbles”, y esta sería solo una muestra.

Mientras el Pentágono guarda silencio, analistas militares apuntan a una combinación de tecnologías avanzadas, posiblemente una evolución de sistemas de pulso electromagnético localizado y armas de interferencia de alta potencia, diseñadas para desactivar equipos enemigos sin necesidad de bombardeos masivos. Nada oficial, todo envuelto en secretismo, pero con resultados evidentes.

Los testimonios desde el terreno pintan un cuadro inquietante. Soldados venezolanos relataron que los radares se apagaron de golpe, sin aviso ni explicación. Acto seguido, drones y helicópteros estadounidenses dominaron el cielo sin resistencia alguna. Uno de los escoltas de Maduro confesó que jamás había visto algo parecido.

Más perturbadores aún fueron los efectos físicos. Varios militares describieron una onda sonora brutal, con síntomas inmediatos: mareos, vómitos, sangrado nasal y pérdida del equilibrio. “Sentí como si mi cabeza explotara por dentro”, contó uno de ellos. Otro admitió que ni siquiera podían mantenerse en pie.

Las descripciones recuerdan peligrosamente a los episodios del llamado “Síndrome de La Habana”, aquel misterio que afectó a diplomáticos estadounidenses y canadienses, y que durante años el régimen cubano intentó minimizar, negar o enterrar bajo el silencio oficial.

Para muchos observadores, lo ocurrido en Venezuela confirma algo que en La Habana prefieren no escuchar: la tecnología militar de Estados Unidos juega en otra liga, muy por encima de los discursos triunfalistas y las alianzas con Moscú o Pekín. Cuando llegó la hora de la verdad, el poderío bolivariano se desmoronó sin disparar un solo misil.

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