El descontento contra el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en Estados Unidos ya no se limita a activistas o comunidades migrantes. En las últimas semanas, una ola de celebridades, políticos, empresarios y deportistas ha salido públicamente a condenar lo que consideran un uso excesivo y peligroso de la fuerza, tras la muerte de Renée Good y Alex Pretti en Mineápolis, dos ciudadanos estadounidenses abatidos durante operativos migratorios federales.
Las reacciones no solo expresan dolor o indignación, sino una preocupación cada vez más extendida por lo que muchos describen como una deriva autoritaria en la aplicación de la ley migratoria bajo la administración de Donald Trump. Para una parte importante de la opinión pública, lo ocurrido marca un antes y un después.
Uno de los primeros en pronunciarse fue el expresidente Joe Biden, quien no se anduvo con rodeos. En un comunicado, calificó los hechos como inaceptables y acusó directamente al Gobierno de Trump de atacar a sus propios ciudadanos, algo que, según él, contradice los valores fundamentales del país.
Biden fue contundente al afirmar que Estados Unidos no es una nación que “acribille a sus ciudadanos en la calle” ni que permita abusos por ejercer derechos constitucionales. Para el exmandatario, lo ocurrido no puede minimizarse ni justificarse bajo ningún argumento de seguridad.
Lejos de verlo como un caso aislado, Biden alertó sobre un problema mucho más profundo. Según dijo, la violencia y el terror no tienen cabida en una democracia, y menos aún cuando provienen del propio gobierno. A estas críticas se sumaron otras figuras demócratas de peso, como Barack Obama y Bill Clinton.
Desde el mundo del cine y el entretenimiento, las reacciones fueron inmediatas. Durante el Festival de Cine de Sundance, actrices como Natalie Portman y Jenna Ortega denunciaron públicamente la violencia atribuida al ICE y expresaron su preocupación por la falta de consecuencias.
Portman fue especialmente dura, calificando la situación como devastadora y acusando al gobierno federal y a ICE de actuar de manera abusiva y totalitaria. Ortega, por su parte, puso el foco en la impunidad, señalando lo aterrador que resulta ver que no haya sanciones claras para los agentes involucrados.
En ese mismo evento, Olivia Wilde se sumó a la protesta luciendo un pin con el mensaje “ICE OUT” y advirtió que la violencia no puede normalizarse ni convertirse en parte del paisaje cotidiano.
El actor Edward Norton fue incluso más lejos al proponer una huelga económica general, asegurando que no se puede seguir actuando como si nada estuviera pasando cuando hay agresiones extrajudiciales contra ciudadanos estadounidenses.
Durante la gala de los Globos de Oro, Mark Ruffalo aprovechó su espacio en el escenario para dedicar palabras a las víctimas y lanzar duras críticas a Trump, confesando que él mismo se siente asustado por lo que está ocurriendo en el país.
Desde la música también se alzaron voces fuertes. Katy Perry pidió frenar una posible financiación adicional de 10.000 millones de dólares para ICE y dijo sentirse enferma al ver personas agredidas y asesinadas por la agencia. Billie Eilish, por su parte, compartió mensajes críticos y lanzó una pregunta directa a otras celebridades sobre si pensaban alzar la voz o seguir calladas.
Las críticas tampoco se quedaron en Hollywood. Más de 60 directores ejecutivos de grandes empresas de Minnesota enviaron una carta a las autoridades pidiendo reducir tensiones tras la muerte de Pretti. Incluso Sam Altman, CEO de OpenAI y cercano a Trump, reconoció que ICE está yendo demasiado lejos y que existe una diferencia clara entre deportar criminales y lo que está ocurriendo ahora.
Melinda French Gates también se sumó al rechazo, recordando que nadie en Estados Unidos debería temer por su vida por ejercer una protesta pacífica.
El deporte no fue ajeno a esta indignación. La baloncestista Breanna Stewart mostró un cartel con el mensaje “ABOLIR ICE”, mientras que Tyrese Haliburton escribió sin rodeos que Alex Pretti fue asesinado.
Las muertes de Renée Good y Alex Pretti se han convertido así en un punto de quiebre. Políticos, artistas, empresarios y atletas coinciden en una exigencia clara: frenar la violencia en los operativos de ICE y exigir responsabilidades al Gobierno federal antes de que sea demasiado tarde.










