Cuando una frase mal dicha resume mejor que cualquier informe la desconexión entre el poder y la realidad, el resultado suele ser un incendio en redes sociales. Eso fue exactamente lo que pasó tras la polémica protagonizada por la periodista oficialista Arleen Rodríguez Derivet, y ahora el fuego lo avivó nada menos que la jefa de prensa de Miguel Díaz-Canel, Leticia Martínez Hernández, quien salió públicamente a defenderla con uñas y dientes.
Martínez no dudó en cerrar filas con una de las voces más visibles del aparato mediático del régimen. En un mensaje publicado en redes sociales, le mandó “un abrazo” a Arleen y lanzó un dardo directo a quienes la criticaron, asegurando que muchos de ellos “ya quisieran llegarle siquiera a los tobillos”. Según la funcionaria, Rodríguez Derivet no solo ha puesto su rostro “a tantas batallas por Cuba”, sino que además tiene el “honor” de ser una de las personas más queridas por el gobernante.
La defensa fue más allá del elogio político. Leticia Martínez incluso apeló a los apagones como argumento a favor de la periodista, insinuando que Arleen también sufre la falta de electricidad. “Si supieran las horas de apagón que te tragas en ese bloque cuatro… ellos no te conocen ni te sienten. Nosotros sí”, escribió, en un intento de humanizar a una figura que para muchos cubanos representa justo lo contrario.
Pero, ¿qué fue lo que realmente encendió la indignación? La polémica frase salió de una entrevista transmitida en noviembre pasado en el programa Conversa con Correa, de RT en Español. Allí, Arleen Rodríguez conversaba con el expresidente ecuatoriano Rafael Correa sobre la crisis energética en Cuba y, en un momento que hoy muchos califican de surrealista, intentó relativizar los apagones con una comparación histórica.
“José Martí no conoció la luz eléctrica y era un genio”, dijo la periodista, añadiendo que ojalá ella pudiera escribir una línea como Martí incluso con la luz encendida. La reacción de Correa fue tan rápida como incómoda: le recordó que estamos en pleno siglo XXI, dejando claro que el argumento no tenía mucho sentido en el contexto actual.
Ese breve intercambio, entre sorpresa e ironía, expuso de forma brutal el choque entre el discurso oficialista y la vida real de millones de cubanos que pasan noches enteras sin corriente, sin ventilador, sin refrigeración y, muchas veces, sin esperanza.
El video resurgió esta semana en el peor momento posible. Cuba atraviesa una de sus crisis energéticas más severas, con apagones que en varias provincias superan las 40 horas consecutivas. Las consecuencias van mucho más allá de la molestia: alimentos echados a perder, hospitales funcionando a medias y familias enteras tratando de sobrevivir en condiciones extremas.
Para muchos, la frase de Arleen no fue un simple comentario desafortunado, sino la prueba de una desconexión profunda entre la propaganda del régimen y el sufrimiento cotidiano del pueblo. Y la rápida defensa de Leticia Martínez no hizo más que reforzar esa percepción.
El mensaje es claro: el régimen protege a sus voceros pase lo que pase. Mientras el país se hunde entre apagones, inflación, escasez y crisis sanitaria, el discurso oficial sigue recurriendo a referencias históricas, épica revolucionaria y llamados al sacrificio, en lugar de ofrecer soluciones reales.
Para muchos cubanos, comparar a Martí con la falta de electricidad no solo fue un error, fue el símbolo perfecto de un sistema que intenta vender la precariedad como algo normal, casi heroico, cuando en realidad es el resultado de décadas de mala gestión.










